
Fernando Martín Pescador
Cero. Es posible que esta sea la única forma de empezar realmente de cero: iniciando un texto con una oración de una sola palabra y que esta palabra sea, ni más ni menos, cero. Un cero a la izquierda. Porque rara vez, posiblemente nunca, empezamos de cero. No partimos verdaderamente de cero ni siquiera cuando nacemos, pues llevamos alrededor de nueve meses dentro del útero de nuestra madre. Y antes de ser gestados somos fruto del pasado de nuestros padres. Y estos de nuestros abuelos.
El año cero no existe (pasamos del año 1 antes de Cristo al 1 después de Cristo); el kilómetro cero es un constructo y pocos se ponen de acuerdo en su ubicación. No es casual que los romanos se mostraran recelosos con este número (¿serían recerosos?) y no tuvieran un símbolo para representarlo.
Por eso, aunque este sea su primer número, esta revista no parte de cero. Esta revista parte de pulsiones creativas incontroladas, de ilusiones (frecuentemente hermosos espejismos) sin freno y de una red de amigos (el mejor tipo de red en las buenas y en las malas) siempre dispuestos a sumar. Y, asúmase, a sumarse. Gracias, muchas gracias a todos esos amigos que hemos ido acumulando a lo largo de los años y a todos aquellos que quieran unirse a nosotros a partir de este momento.
Queremos que esta revista sea vino y rosas, seda y esparto, hierro y carbono forjados a las más altas temperaturas: acero. La literatura y la cultura enriquecen nuestras vidas, las ordenan, les dan sentido y significado. Sin literatura y sin cultura, nos disolvemos en el mercado, compramos y somos comprados, especulamos y somos especulados. Sin literatura y sin cultura, nos disolvemos en pequeñas partículas que se desintegran y van desapareciendo hasta que quedamos en nada. En cero.



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