
Susana Coyette Urrutxua
La primera vez no suele ser nunca la primera vez.
Entendámonos…
La primera vez que oí aquel ruido, pensé que era eso. Un ruido, sin más.
Un simple ruido…
Un inofensivo ruido…
Peroooooooo. Allí comenzó todo, a partir de esa primera vez…
Noche tras noche, un inquietante susurro detrás de mi puerta comenzó, paulatinamente, a atormentarme. Al principio, pensé que era el viento; luego, que mi mente me engañaba. Una noche, harta, abrí la puerta de golpe, pero no había nadie, solo el pasillo vacío iluminado por la luz de la luna que penetraba por las numerosas claraboyas. Sin embargo, el susurro continuó, esta vez detrás de mí. Me giré y, frente a mi cama, estaba una figura oscura, inmóvil, con ojos vacíos.
El susurro se tornó claro:
—¿Seguro que quieres verme?
Mi vida ahora es una duda total, ya que aún no he decidido la respuesta…
Perooooo…
Nunca volví a abrir los ojos.
Nunca.
«Quien me mató y me envolvió en su velo, se desvaneció como un susurro sin eco, y nadie pudo rescatarme”.



Deja un comentario