
Miguel de los Santos
El joven amigo y compañero Fernando Martín Pescador fleta hoy la nave de un nuevo e ilusionante proyecto literario en la esperanza de una travesía larga y feliz por las procelosas aguas de las redes sociales. Dado el reconocido empeño y talento de su capitán estoy plenamente convencido de que un viento a favor hinchará las velas con la suficiente fuerza y constancia para que este barco bautizado con el sugerente nombre de La Torre del Ojo atraque en puerto cada mes, como tiene previsto, para dejarnos un maravilloso cargamento de noticias, reportajes y crónicas puntuales relacionadas con la cultura y el arte. A petición del propio Fernando, yo ya estoy embarcado en el proyecto para formar parte de una tripulación que esperamos cumpla las mejores expectativas que nos animan y que vosotros, lectores, esperáis de nosotros.
Porque he vivido mucho, he viajado mucho y he leído mucho me permitiré utilizar el espacio que se me concede para comentar y recomendar mensualmente uno de tantos y tantos libros como descubrí y gocé a lo largo de mis años viajeros por el ancho mundo. Libros maravillosos, joyas literarias, que a mi entender no han sido debidamente reconocidos por el gran público. Títulos en su mayoría de la narrativa contemporánea en castellano y que, a pesar de llevar la firma de los mejores autores de nuestro tiempo pasaron desapercibidos, seguramente opacados por otros del mismo autor que alcanzarían la categoría de best sellers. Siempre desde mi punto de vista, proponeros su lectura será como invitados a compartir conmigo un hallazgo maravilloso.
Por supuesto “Los libros de mi vida” son en su mayoría, si no en su totalidad, pertenecientes al género de la narrativa, es decir novela para ser más claro. Y desde luego en lengua castellana cien por cien. Esto representa una rémora en mi condición de lector. Lo sé. Pero se corresponde con mi muy particular manía de disfrutar la lectura desde todos los ángulos que el autor nos propone. Quiero decir que para mí la calidad de un relato no está principalmente en el desenlace de la historia; ni siquiera en el asunto que nos proponga. Es esencial la forma, la calidad del relato, la esencia del recorrido hasta llegar al final. El estilo, en definitiva. No importa tanto el punto de partida ni el destino final como el placer expectante del recorrido, de la belleza del paisaje lingüístico que nos conduce de un punto a otro. Esto no quiere decir que haya renunciado a Faulkner, a Kundera o a Puzo por poner unos ejemplos. Pero con la sensación de que me he perdido algo. Algo que ni los mejores traductores pueden transmitir: el estilo. Ese intangible maravilloso e intransferible de todo autor.
De manera que esos libros que os propondré aquí llegarán de la fuente inagotable que es la lengua castellana. Y más concretamente aún de una era literaria formidable y próxima; sucesora de los grandes movimientos que nos dejarán el llamado Siglo de Oro primero, la generación del 98 más tarde y la del 27 a continuación. Una generación de autores y obras inconmensurable nacida y cultivada a ambas orillas del Atlántico y que, muy acertadamente en mi opinión, fuera bautizada como “El realismo mágico”. Y os advierto que procuraré hilar fino. Por supuesto que no es mi intención recurrir a sus grandes obras de todos conocidas, sino de aquellas joyitas literarias que quizás quedaron oscurecidas por la impresionante sombra de títulos emblemáticos y que estoy seguro os van a sorprender. En ningún caso os hablaré del Vargas Llosa de Conversación en la Catedral y La Ciudad y los Perros, sino de títulos fascinantes pero menos conocidos como El hablador y Lituma en los Andes; tampoco en la recomendación de La Colmena, si os propongo entrar en el mundo de Cela sino de Madera de Boj, la última de sus obras donde se adentra hasta el fondo en los secretos de su tierra gallega como legado inevitable de su vida; obviaremos los best seller de García Márquez con su irrepetible saga de los Buendía, Cien años de Soledad, El Otoño del Patriarca y El amor en los tiempos del cólera, de todos conocidos; pero recomendaré una pieza breve y magistral del Nobel colombiano titulada “Yo no vengo a decir un discurso”, que contiene una compilación de conferencias y clases magistrales impartidas por el escritor en universidades y distintos foros de la cultura. Yo sugeriré, en fin, que no os quedéis en el Delibes de Los Santos Inocentes. Os recomiendo Las Ratas, novela magistral donde el autor vallisoletano hace un soberbio relato de vida y muerte sobre su tierra castellana.
Esta es mi propuesta. Desde La Torre del Ojo, hasta el mes que viene.



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