
DEL COLOR DE LA LECHE, de Nell Leyson. Sexto Piso, 2013.
Elena Belmonte
Lo absolutamente destacable de esta novela es la voz que nos cuenta la historia. Una voz pequeña, inculta, que casi acaba de aprender a leer y escribir y aún, ni siquiera, tiene noción de los signos de puntuación. Es fácil imaginársela sacando la lengua para poner sobre el papel cada palabra. Escribir ciento y pico páginas atendiendo a algo así, no me parece tarea sencilla. Si bien te obliga a meterte en la psicología de la protagonista como en cualquier novela, también a estar muy pendiente de su manera de expresar. Y es precisamente esto lo que la hace no caer en el melodrama.
Parece una narración contada para alguien, o para sí misma. Yo me inclino más por esta segunda, porque no hay nadie en la vida de esta chica que dé la impresión de poder convertirse en destinatario de semejante historia.
Desde la ignorancia más absoluta, la protagonista parece tener una sabiduría natural que se cuela, sobre todo, en los diálogos, en sus respuestas. Diálogos que también tienen la particularidad de no ir separados ni por guiones ni por acotaciones, de modo que vienen mezclados con la voz de la propia narradora.
Pero no es solo su sabiduría innata, sino quizá aún más notable, esa forma que tiene de vivir las cosas: si algo te preocupa y tiene solución, dásela, y si no la tiene, ¿para qué preocuparte? Y esa filosofía está también en el tono con que nos cuenta todo lo que le ha sucedido. En realidad, esta novela es un ir hacia atrás, una larga retrospección hasta las últimas páginas, donde nos damos de bruces con el presente. Y el presente reúne todo lo anterior y, sin exagerar, nos deja sin aliento.
Me gustan esas historias que no te dejan igual. Después de leerlas, tienes la sensación de que ha ocurrido algo que antes no estaba ahí. En el mundo, en la vida, en el aire. Se te queda así, como recogidita en algún lugar de ti, pero sigue hablándote por largo tiempo.
Una chica en una granja, trabajando todo el día, unos padres que mejor tenerlos lejos. Una chica que se va a vivir a una vicaría. Primero desea volver a la granja, a pesar de todo, pero sus prioridades van cambiando y reformulan sus deseos. Ejemplo manifiesto de que el deseo de algo, perseguirlo, cueste lo que cueste, lo reformula todo.
Me quedo con el retrato, sencillo y profundo, de en eso que consiste ser un espíritu libre. Y el mensaje, escrito en piedra, del precio que, a veces, se esconde detrás de una decisión.
Qué alivio encontrar este libro de Nell Leyshon, entre tanta confusión y disfraz.




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