
R. Kipling
Enheduanna fue la hija del rey de Akad Sargón I y fue nombrada Suma Sacerdotisa del dios Nanna, hace más de cuatro mil años. La tarea que tuvo que afrontar no era nada sencilla, debía unificar el panteón sumerio y akadio para dar estabilidad al recién estrenado imperio creado por su padre. Sin embargo, lo que la perpetuó en el tiempo fue su obra “Himnos Sumerios”, escrita en caracteres cuneiformes sobre tablillas de arcilla y siendo la primera obra firmada en Mesopotamia. La obra más antigua de la Historia es el poema de Gilgamesh del 2650 a.C., pero de autoría anónima, por lo que la obra de Enheduanna es la primera obra de la historia de la que se tienen datos de su autor.
Enheduanna era una ferviente devota de la diosa de la guerra y la fertilidad, la llamada Innana en Sumer e Ishtar en Akad. En una de sus obras pedía ayuda a Inanna para enfrentarse a un enemigo agresor llamado Lugalane, probablemente rey de Ur. “¡Se ha atrevido a acercarse a mí en su lujuria!”, escribía en el poema La exaltación de Inanna. Lugalane envió al exilio a la rebelde Enheduanna hasta que finalmente Naram–Sin, su sobrino, logró vencer al insurrecto y ella logró ser restituida como Suma Sacerdotisa en Ur.
Avancemos cuatro mil años en el tiempo y vayamos a una pequeña localidad japonesa llamada Miharu, en la prefectura de Fukushima. Allí nació en 1939 la pequeña Junko Tabei, la quinta de siete hermanos. Desde muy pequeña fue una niña frágil y débil, pero su mente no iba al mismo ritmo que su cuerpo. A los 10 años ya había escalado el monte Nasu, al norte de Japón, pero su familia no tenía recursos para apoyarla en el deporte de la escalada, y a pesar de todo Junko no cejó nunca en su empeño de ser una de las mejores escaladoras del mundo.
La joven Junko se convirtió en una mujer de poco más de 1,45 de estatura, pero con una voluntad de hierro que le permitió escalar el Monte Fuji en Japón y el Cervino en los Alpes suizos. Un grupo de 15 mujeres japonesas intentó alcanzar la cima del Everest a mediados de los setenta, no tenían recursos y tan solo contaban con el patrocinio del periódico Yomiuri Shimbun y de Nippon Tv. Para ahorrar dinero, usaron fundas de asientos de automóvil reciclados para coser bolsas impermeables y guantes. También compraron plumas de ganso chino e hicieron sus propios sacos de dormir. La expedición comenzó a primeros de 1975 cuando viajaron a Katmandú y a principios de Mayo el grupo estaba acampado a 6.300 metros de altura cuando una avalancha les sepultó bajo la nieve. Tabei perdió el conocimiento durante seis minutos hasta que su sherpa la rescató. Doce días después de la avalancha, el 16 de Mayo de 1975, Junko Tabei junto a su sherpa Ang Tsering llegaron a la cima del Everest convirtiéndose en la primera mujer en conseguirlo.
Estoy convencido que Enheduanna y Tabei, a pesar de ser mujeres excepcionales, cada una en su contexto y época, no son conocidas en absoluto y esa es la triste realidad del papel de las mujeres en la Historia, nunca han sido destacadas lo suficiente. No olvidemos que la Historia la escriben los vencedores, pero alguien olvidó decir que de ellos, solo escriben los hombres.



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