
Francis Paramio
La oveja camina sin prestar atención al camino. Se limita a seguir la masa de traseros lanudos que tiene delante. Si hay riesgo o percance, serán las compañeras de primera línea de infantería ovina las que, asustadas, marquen el paso. Hasta entonces, siga la oveja su camino.
Soy cada vez más consciente de cómo las nuevas tecnologías y el avispero de pantallas omnipresentes en nuestras vidas está alienando al ser humano como ovejas en rebaño, y nos adormece en un letargo de febril dopamina del que cada vez es más difícil salir.
Cuando releo novelas como 1984 de Orwell, o Fahrenheit 451 de Bradbury, compruebo con pavor que están más vigentes que nunca. Escenarios distópicos donde se impone un control absoluto sobre la decisión humana y la anulación de su capacidad de pensamiento crítico o creativo.
No estamos muy lejos de eso, aunque se nos venda en otro formato. Ellos nos quieren como rebaño. Pero, ¿Quiénes son ellos? No hay duda. Son los mismos hombres grises que perseguían a Momo, y que robaban el tiempo a Gigi y Beppo, anulando su capacidad de imaginar o pensar por sí mismos.
Hoy más que nunca, realizar cualquier actividad artística o creativa es un acto de rebeldía en sí mismo. Es una forma de salir del rebaño, de saltar de la olla antes de que el agua hierva.
Las ilustraciones que he sembrado a lo largo de las páginas de este número son un recordatorio urgente de que hay que utilizar la llave de la cultura, del arte y de la reflexión intelectual para construir entre muchos un dique de resistencia ante el abotargamiento que se cierne sobre nosotros como grandes nubarrones.
La bola de cristal recitaba como un mantra en mis infantiles mañanas de sábado: «Si no quieres ser como ellos, lee». Y yo añado: «¡Y también escribe, recita, actúa, piensa, baila, dibuja, pinta!»



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