
Felipe Díaz Pardo
Otra vez la excusa para el desasosiego con Lo que no se ve, el nuevo libro de relatos de Cristina Fernández Cubas
Iniciamos esta sección, que pretende contar con cierta periodicidad en las páginas de la revista, utilizando en su título un juego de palabras, queriendo así dar la mayor amplitud posible a este género narrativo. Mi interés desde hace mucho tiempo por el relato corto hará posible que nos adentremos en el mundo que nos ofrecen unos textos que tienen sus propias particularidades y que son motivo de disfrute para quienes los leemos.
En muchos casos, nuestra colaboración en este apartado aludirá a aspectos teóricos sobre el género y, en otros, comentaremos piezas y autores significativos, aparecidos a lo largo de los siglos. No queremos, de este modo, cerrar puertas a un campo tan extenso y apasionante como el que nos ofrece este tipo de expresión literaria.
Así, y sin más preámbulos, aprovecharemos la ocasión para referirnos a la aparición en este septiembre que acaba de finalizar del nuevo libro de cuentos de Cristina Fernández Cubas (Arenys de Mar, 1945), publicado por Tusquets y que se titula Lo que no se ve.
La predilección de esta autora por el relato queda patente al ver el listado de títulos perteneciente a este género que se inició con Mi hermana Elba y Los altillos de Brumal, ambos publicados en 1980; y se continuó con El ángulo del horror (1990), con Ágatha en Estambul (1995), con Parientes pobres del diablo (2006) y con La habitación de Nona (2015), merecedor este último del Premio Nacional de Narrativa el año de su publicación.
Tal fidelidad a este tipo de narrativa, junto con otras de sus obras, sirvió también a la autora para que le fuera concedido el Premio Nacional de las Letras en 2023. El jurado justificó en su momento tal concesión con las siguientes palabras: «Por la magia de su narrativa, por el dominio fascinante del empleo de la concisión para narrar historias, que se nutren de la literatura fantástica y que hace llegar al lector de manera intensa hasta cambiar su forma de entender las cosas, es una autora ineludible que nos invita a pensar en los límites entre la realidad y la ficción».
Los cuentos de Cristina Fernández Cubas se caracterizan por su capacidad de sugerencia, lo que obliga al lector a mantener la atención y a mantener cierta complicidad a la hora de desentrañar los textos, rasgos estos ya de por sí propios de toda narración corta. Pero, sobre todo, las historias que nos cuenta esta escritora rompen los límites de la realidad, introduciendo en ellas lo inquietante y lo inexplicable, de tal modo que lo supuestamente fantástico o sorprendente se mezcla con lo real. Buena prueba de lo dicho, como siempre en esta autora, son los seis relatos incluidos en Lo que no se ve, volumen del que hablaremos a continuación.
El primer cuento, “Tú Joan, yo Bette” presenta la relación existente entre dos hermanas ancianas en la que imitan, en cierto modo, el tóxico vínculo de las otras dos parientes de la misma consanguinidad que aparecen en la película norteamericana, de 1962, ¿Qué fue de Baby Jean?, yprotagonizada por Bette Davis y Joan Crawford, dos divas cinematográficas norteamericanas, que mantuvieron en su momento cierta rivalidad. Ambas hermanas juegan a representar esta película de su infancia.
La relación fraternal también la encontramos en el cuarto relato, “La hermana china”, en donde una de ellas, la hija biológica siente a la adoptada, de procedencia china, como una contrincante a la que cuesta superar. Esta llegó a su familia antes que la protagonista, quien cuenta la historia, dado que sus padres se decidieron por este tipo de maternidad, al ver que, les era imposible conseguirla por medios naturales, algo que se produjo una vez realizada dicha adopción.
“Momonio”, la tercera historia, cuenta cómo una fiesta entre cinco amigos universitarios, en la que convocaron al Otro, al parecer, un espíritu de otra dimensión cambia sus vidas, en algún caso de forma dramática.
“Il Buco”, quinto y penúltimo relato, narra el viaje de un matrimonio, en el que ella es más joven que él, a una ciudad italiana para asistir a un desfile de moda. Antes, visitan la catedral y se produce un hecho extraño cuando él accede a la zona de obras existente dentro de ella. A la vez que suceden los hechos, observamos cómo el tiempo de la escritura transcurre también de forma simultánea con el tiempo de la historia, a la que va dando forma, pues el mismo protagonista da cuenta de ese proceso de redacción del relato, lo que añade inquietud, extrañeza y desasosiego al lector.
«Candela Viva» es el último de los cuentos y, de nuevo, introduce dentro de la cotidianidad de la protagonista un espacio nuevo y a todas luces intrigante. Esta cruza una calle llena de coches y, tras sufrir un amado de desvanecimiento, encuentra una extraña tienda –¿una cerería?–, en la que nunca había reparado, a pesar de llevar casi cincuenta años viviendo en el barrio. Entra en ella y entabla una conversación con la enigmática mujer que regenta el negocio, hasta darse cuenta de que se encuentra ya en un mundo al que ya no pertenece. De nuevo, el elemento inquietante y de nuevo la alusión al cine, en concreto a Hitchcock.
Hemos dejado para el final de este breve repaso el segundo relato, titulado “¿De qué se habla en las fiestas?” por considerar que es el que más dosis de “realidad” comporta, mediante el uso de un tono evocador y, en cierto modo, costumbrista, referido a una época en concreto. Al margen de su argumento, el cual alude a la amistad de la protagonista con una compañera de clase, interesa resaltar la visión de la vida o de la dinámica escolar bajo la óptica de una niña de clase más o menos acomodada, cuya forma de vida contrasta con la de otra colegiala que, dada las circunstancias y la condición social de su familia, presenta una serie de carencias que se resumen de forma muy clara en el título. Esta es la pregunta que se hace esta niña a la narradora, puesto que, como en un momento de la historia se dice: “Nunca ha estado en una fiesta, ¿sabéis? ¡Su madre no la deja!”. El relato nos da detalles propios de la institución escolar de la época, allá por los años cincuenta del siglo pasado: la diferencia entre el colegio y el instituto, la separación de sexos en las aulas, la descripción prototípica de los profesores y los enamoramientos por parte de las alumnas, etc.
Tras este breve análisis de los relatos que contiene este volumen, tres aspectos nos gustaría comentar antes de terminar estas líneas. En primer lugar, observamos que todos los cuentos son básicamente protagonizados por personajes femeninos, a excepción de “Il Buco”, cuyo narrador y protagonista es un hombre.
En segundo lugar, los títulos son fácilmente identificables con algún elemento de fácil percepción en el relato, ya sea la relación entre los personajes (“Tú Joan, yo Bette”); la reproducción de algunas de sus palabras (“¿De qué se habla en las fiestas?”) o de expresiones particulares e inventadas (“Momonio”); la categoría o calificativo que se aplica o se deduce del cuento (“La hermana china”); o el nombre dado al espacio en el que se desarrolla parte de la historia (“Il Buco, un restaurante; o “Candela Viva”, una misteriosa tienda).
Por último, apreciamos en algunas de las historias cierto toque de autoficción por ese tono intimista y evocador al que aludimos antes, al situar el argumento en un tiempo concreto y pasado –mitad del siglo XX–, en el que, por su edad, se desarrolló también la biografía de la escritora. Nos referimos principalmente a “¿De qué se habla en las fiestas?” y a “Momonio”.
En definitiva, nos encontramos con unos cuentos a los que la escritora nos tiene acostumbrados. Cristina Fernández Cubas sabe manejar la psicología de los personajes y perturbar lo cotidiano, introduciendo lo inexplicable y, a veces, ciertas dosis de terror o desasosiego, sin que sepamos si lo que leemos pertenece del todo al terreno de lo fantástico o es la otra cara de una misma moneda que es la realidad en la que vivimos.




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