
Fernando Martín Pescador
La guerra de Sertorio – Hispania y el ocaso de la República de Roma, de Francisco Romeo Marugán, Almuzara, 2024.
Quinto Sertorio (circa 124 a.C.- 72 a.C.) nació en Nursia (hoy Norcia), a unos 175 kilómetros al noreste de la ciudad de Roma y era sabino. Aunque para cuando vino Sertorio al mundo, ya habrían pasado unos seiscientos años desde el episodio mitológico del Rapto de las sabinas y la ciudad de Nursia se había convertido en aliada de Roma en el 205 a. C., Quinto Sertorio era sabino y no romano. No formaba parte de las familias aristocráticas que controlaban el senado romano. Sí, los sabinos y otros pueblos vecinos podían llegar a tener altos cargos públicos dentro de la República Romana, pero, por lo general, si no procedías de una de esas familias patricias romanas de rancio abolengo, había frecuentemente cierto techo de cristal.
Durante finales del siglo II a.C. hasta el final de la República (27 a.C.), hubo en Roma una serie de movimientos políticos y sociales que aspiraban a conseguir más poder y más representación política para esos romanos nuevos. En multitud de ocasiones, se tradujeron en verdaderas guerras civiles. Según Francisco Romeo Marugán, autor de La guerra de Sertorio – Hispania y el ocaso de la República de Roma, los conflictos bélicos que protagonizó el sabino en la península Ibérica entre los años 82 y 72 a.C. formaban parte de esas guerras civiles. Francisco Romeo apunta que todos los esfuerzos de Quinto Sertorio por hacerse con el poder en la península Ibérica tenían como objetivo final crear un ejército tal que pudiera tomar Roma y reparar la República de todos sus males.
La guerra de Sertorio es un libro ameno. A pesar de los complejos entresijos de la política romana y del inmenso número de protagonistas, Romeo Marugán nos guía a través del conflicto en cuestión para que no nos perdamos en el bosque de nombres, ciudades y fechas. Simplifica sin ser simplista. El libro son doscientas páginas (no contamos aquí índices, cronologías, fuentes y bibliografía) y eso demuestra el afán y la habilidad de destilación de contenidos que tiene el autor.
Más allá de la fascinación personal que Francisco Romeo pueda tener por Quinto Sertorio (soldado, tribuno militar, cuestor, senador, procónsul de Hispania, tuerto en batalla como Aníbal, hábil estratega, sagaz negociador con los pueblos autóctonos e, incluso, con los piratas y general rebelde asesinado, al fin, por miembros de su círculo más íntimo) y más allá de su atracción por este momento de la historia de Roma, el autor de este libro plantea dos cuestiones, relacionadas entre sí, que son las que hacen su lectura apasionante.
La primera cuestión aparece repetida varias veces a lo largo del libro, incluso en el texto de la contraportada: debemos diferenciar el Pasado (todo lo que ha ocurrido hasta este momento) y la Historia (todo lo que sabemos y trasmitimos del Pasado). A partir de aquí, el autor explica que, ya entre los historiadores romanos, encontramos aquellos que mostraron simpatía por Quinto Sertorio, ensalzando sus virtudes y sus hazañas, y otros que lo pintaron como enemigo de los intereses de Roma. En 1926, Adolf Schulten, historiador alemán afincado en España, publicó su biografía de Quinto Sertorio. ¿Qué motivos llevaron a Schulten a escribir sobre este personaje? ¿Qué lleva a un historiador a hablar de un personaje u otro? ¿A incluir una información u otra sobre el pasado de una época?
La segunda cuestión, conectada como hemos dicho con la primera, parte de una cita del propio Schulten cuando hablaba de su texto sobre Numancia: «Mi objetivo no ha sido solamente científico, sino también artístico, pues la historiografía es ciencia y arte a la vez, lo que en la época actual, tan apartada del arte, se desconoce con frecuencia». A lo que Romeo Marugán comenta: «Qué tiempos aquellos en los que los historiadores necesitaban musas para escribir».
Entiendo perfectamente la reflexión de Francisco Romeo. Mis libros favoritos de historia (de biología, de antropología, de filosofía, de ciencias…) son aquellos que, además de poseer el rigor necesario, muestran a un autor tocado por las musas, a un autor cuya pasión por la disciplina y cuyo amor por la ciencia están a la par con su dominio del lenguaje, con su capacidad narrativa y con la habilidad para mantener al lector entretenido intelectualmente. Romeo Marugán tiene una voz personal y atractiva. Aborda el relato con la formalidad esperada y con la tradicional tercera persona del historiador que pretende no tomar partido. Sin embargo, Francisco Romeo Marugán salpica, además, su texto con numerosas intervenciones en primera persona que, sin querer sentar cátedra, nos hacen ver que, en numerosos momentos de su vida, a través de sus lecturas y de sus excavaciones, ha estado allí, formando parte de las legiones de Quinto Sertorio. Tras la lectura del libro me he percatado de cuánto echo de menos voces como la de Francisco Romeo.




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