
R. Kipling
La Historia está viva, y sin embargo tenemos la imagen de un pasado que nunca volverá, que además tenemos que aprender primero en el colegio, después en el instituto y finalmente, aquellos que así lo decidan, en la propia Universidad. En cualquier caso, siempre se ha considerado a la Historia como un ente muerto, y sin embargo son innumerables los casos que se repiten una y otra vez a lo largo del tiempo.
Uno de los primeros elementos que perduran en el tiempo es el de la corrupción, y casi siempre ligado al ámbito político. Aristófanes, allá por el siglo V a.C., época dorada de la todo poderosa Atenas, nos detalla en su obra Los Caballeros, como un miembro de la asamblea ateniense le pide a otro que vote por él en la asamblea de la mañana, debido a que ha quedado con una prostituta a primera hora.
En nuestra clase política, disponemos de un buen número de casos en los que un diputado vota por otro que se encuentra ausente, a pesar de que el reglamento de las cámaras lo prohíbe. Uno de los casos más sonados ocurrió en el Senado en 1991, cuando algunos diputados del PSOE y del PP votaron a “dos manos” o utilizando la “mano y el pie”. Ese día se encontraban en el senado un total de 156 senadores y el número de votos que se obtuvo en la votación fue de 177. La situación se repitió en 2003 cuando Carlos Iturgariz votó por el ausente Jaime Mayor Oreja y recientemente, el pasado año, fue Rocío Monasterio la que fue “pillada” en una votación de la Asamblea de Madrid. Estoy seguro que el motivo de tales ausencias no sería el mismo que nos relataba Aristófanes, pero la audacia en el engaño es la misma.
Sin embargo, uno de los casos que más ha llamado la atención de los historiadores sobre la reiteración en el tiempo ha sido el de las huelgas de sexo o también llamadas de piernas cruzadas. De nuevo recurrimos al viejo Aristófanes que nos menciona una huelga de sexo en su obra Lisístrata. La Guerra del Peloponeso estaba arrasando y empobreciendo Grecia, y las mujeres de ambos bandos, atenienses y espartanas, se unieron en una huelga de sexo para forzar a sus maridos a poner fin a la guerra.
La actitud de las mujeres griegas subraya el papel de la mujer como elemento de protección de la unidad familiar y no habría pasado de ser una mera anécdota, si no fuera porque a finales del siglo pasado, el general Manuel Bonet, jefe de las fuerzas militares de Colombia, pidió a las esposas y novias, tanto de los miembros de las guerrillas como a las de los paramilitares y narcotraficantes, que iniciaran una huelga de sexo como parte de una estrategia de pacificación. Años después, en 2006, la iniciativa se había extendido a otros puntos de Colombia y para el 2010, la tasa de homicidios en ese país había descendido un 26,5%.
Las huelgas de sexo se han extendido por todo el mundo en las últimas décadas: Liberia 2003, Nápoles 2008, Kenia 2009, Turquía 2010, Tokio 2014 (en este caso, en contra de las palabras del líder del Partido Liberal Democrático, Yoichi Maxuzoe, quién mantenía que “la menstruación hace que las mujeres tomen decisiones irracionales”).
Una evolución de la huelga de sexo fue el movimiento 4B o movimiento de los 4 noes (no sexo, no ser madre, no emparejarse, no casarse) surgido en Corea en 2006 y amplificado en Estados Unidos a partir del 2020.
La Historia sigue viva, ojalá aprendamos de una vez y no repitamos errores del pasado.



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