
Fernando Martín Pescador
Lo malo no es oír voces. Lo malo es no escucharlas. Escuchar las voces que vienen de dentro y las voces que vienen de fuera. Es así cuando la literatura se acerca a la vida y cobra sentido. Queremos que la escucha sea el viento que guíe esta revista que atraca hoy en su número tres.
Escuchar a esas voces ha convertido este número en el más oscuro y el más homogéneo de los que, hasta ahora, hemos publicado. El que recala y ahonda en las bahías más incómodas: la depresión, la muerte, el crimen, la huida, la soledad, la memoria y la nostalgia, la ausencia y el silencio. Abordamos todo esto, como queremos abrazar siempre la alegría y las ganas de vivir.
Son muchos los logros de La torre del ojo en apenas tres meses: ¡hemos abierto tantas rutas en nuestro camino a las especias! En muchas ocasiones, ha sido necesaria mucha mano izquierda. Especialmente en este número tres, en el que la ilustradora Candela Ruiz Cortés, lesionada de su mano derecha, ha aprendido a dibujar con su otra mano para ilustrar nuestros textos. Y, con su mano izquierda, su arte, su creatividad y su frescura, ha conseguido darles tanta, tanta luz que ha convertido el número más oscuro de La torre del ojo en el más luminoso de su corta historia. Gracias por ser nuestro faro, Candela, nuestro sol en noviembre.



Deja un comentario