
Candela Ruiz Cortés
El otro día leí un cuento infantil sobre un niño que llevaba consigo un pesado cazo colgado allá donde iba. No podía quitárselo ni tampoco hacerlo más ligero. Este le impedía jugar con los otros niños, realizar actividades con soltura o, en cierta forma, vivir su vida con comodidad. La historia no acababa con él arrancando el cazo, sino que aprendía a vivir con el peso, con suerte, un poco más ligero.
En este mes de estreno del tomo de noviembre, hace un año que me lesioné mi muñeca derecha. Esta inesperada situación me ha impedido hacer muchas cosas, entre ellas dibujar, y ahora llevo un cacito que da golpes en el suelo cuando ando. Casi todas las ilustraciones de la revista de este mes están dibujadas con mi mano no dominante. Con mucho tiempo y dedicación. Porque, si hay algo que ha hecho posible este proyecto, ha sido la ardiente pasión por el arte y por contar historias.
Sé a ciencia cierta que todos arrastramos cazos de diferentes tamaños y colores, pero, si puedo utilizar esta palabra de ilustradora para decir algo; por favor, sed unos pedazo de frikis. Alimentad la creatividad que, sin necesidad de ser artistas, es tan importante mantener. Salid con la bici, leed un libro, andad por la calle y fijaos en la gente que hay a vuestro alrededor; escuchad y aprended de todo aquello que tenga algo que enseñaros por muy avanzados que creáis estar en esta vida. La vida no se acaba a los veinte, todavía hay tiempo para crear.
Si me permitís ser un poco egoísta en este párrafo, quería dar la gracias a mis padres por apoyarme en el artisteo en un mundo de «genera esta imagen en estilo anime» y porque, aun estando manca, nunca han dejado de creer en un futuro para mí en esta industria. Gracias a mis amigas, y a mi novio, que, sin saberlo, ha sido el mayor ejemplo de superación y resiliencia.
Y ahora sí, me llevo mi cacito a otra parte, ¡gracias!



Deja un comentario