
Fernando Martín Pescador
Hearts in Motion, Hearts in Place – The Quest of Querencias on Turtle Island and Abya Yala, de Enrique R. Lamadrid, Casa Urraca Press, 2025.
Hay libros en los que el autor nos lleva a su país de las maravillas. Se viste con su traje de conejo blanco y convierte a los lectores en la pequeña Alicia. Es el caso del libro Hearts in Motion, Hearts in Place del folklorista Enrique Lamadrid. La querencia es el agujero de entrada por donde el autor nos precipita a los distintos vericuetos de su cerebro, para acabar el recorrido en los ventrículos y las aurículas de su corazón. La querencia es uno de los conceptos favoritos de Enrique Lamadrid. No es casualidad que Enrique sea el editor de la colección Querencia Series, de la editorial UNM Press (Universidad de Nuevo México). «La querencia», comienza el libro, «es la cartografía de las tierras y las gentes que amamos, los corazones en su sitio. Es la búsqueda, el camino migratorio y de peregrinaje, de una tierra a la que podamos llamar hogar, los corazones en movimiento.» La querencia es el apego a una tierra, a sus gentes y a sus paisajes. A sus cielos, a su fauna y a su flora. Al agua que les da vida.
Ni es casual que Lamadrid muestre tal fascinación por este concepto y por este término del español nuevomexicano con el que los habitantes de la tierra del encanto (así denominan a Nuevo México) contaminan y salpican su discurso en inglés: «Querencia is the cartography of beloved lands and peoples…» En el libro confiesa que su familia llevaba cuatro generaciones buscando asilo (tuvieron que huir de España cuando esta mandaba a sus jóvenes a morir a sus últimas colonias; tuvieron que huir de Cuba y de la Revolución Mexicana). En Nuevo México encontraron los Lamadrid una tierra de la que ya no han tenido que huir. Los Lamadrid llevaban cuatro generaciones buscando un hogar y lo encontraron en Nuevo México.
No es casual, tampoco, que Enrique centre su discurso en el territorio nuevomexicano. Estamos hablando de una tierra muy especial. Las 19 tribus de los indios pueblo se repartían Nuevo México con los apaches y los navajos cuando llegaron los españoles. Formó parte de la nación mexicana durante 27 años y luego fue anexionado a los Estados Unidos. Cada uno de esos pueblos ha mostrado esa querencia por el territorio y han bautizado sus ríos y sus montañas con palabras en sus propios idiomas. Enrique repasa la toponimia que sobrevive en muchas de esas lenguas.
Pero gran parte del libro habla de los pájaros de Nuevo México. Las aves, dice Lamadrid tienen autoridad celestial. Enrique habla de algunas de las aves del estado. Dedica un poema a la pureza de la paloma, otro al sacrificio del pelícano, un tercero a la piedad de las golondrinas, un cuarto al mal fario del búho, un quinto a las funciones de los colibríes, un sexto a las labores de la urraca piñonera, un séptimo al graznido de la urraca, un octavo a las enseñanzas del cuervo y un noveno al don de lenguas del capulinero. Las aves muestran querencia por la tierra, corazones en su sitio, y por los cielos, corazones en movimiento.
No hay poema para el ave del estado, el correcaminos. Sin embargo, Jim Vogel, el ilustrador del libro adorna la página de la dedicatoria de Enrique Lamadrid a sus paisanos con un hermoso correcaminos. El libro, el país de las maravillas del autor, se ha convertido, sin decir ni pío, en un aviario. Y aquí comienzan las coincidencias (seguro que a Enrique no se le han pasado por alto): La editorial encargada de la publicación del libro es Casa Urraca Press. Urraca. «Vogel,» el apellido del artista que ha ilustrado hermosamente el libro significa pájaro en alemán. Lo que, tal vez, no perdone nunca a Enrique es que no le haya dedicado un poema al martín pescador que puebla las orillas del río Grande todas las primaveras.




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