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Juan José Jurado Soto
Abada es una palabra en desuso que proviene del portugués, el cual la tomó del malayo badaq. Está registrada en el Diccionario de la Real Academia Española como nombre femenino con el significado de “rinoceronte”.
En el siglo XVI surgió en Europa una fascinación por este gigantesco animal procedente de tierras lejanas, que ya era conocido por aparecer en algunos bestiarios medievales junto a criaturas míticas como el unicornio. A principios de dicho siglo, el sultán indio Muzaffar II regaló al rey de Portugal Manuel I un enorme rinoceronte, de aproximadamente una tonelada y media de peso.
La llegada del rinoceronte generó una enorme expectación entre la población, ya que un animal de ese tipo era prácticamente desconocido en Europa. Tras enfrentarlo a un elefante y no cumplir con lo esperado, el rey de Portugal lo regaló al Papa León X. Pero, durante el viaje, el barco que lo transportaba naufragó, y el rinoceronte, que estaba encadenado, murió ahogado. El cadáver fue recuperado y enviado a Lisboa para disecarlo, desde donde volvió al Vaticano. La historia de este animal, conocido como Ganda, dio mucho que hablar, incluso algunos artistas lo plasmaron en sus obras. El artista alemán Alberto Durero se interesó por todo lo acontecido con Ganda, plasmándolo en su famoso grabado del rinoceronte. Curiosamente, a pesar de la gran semejanza que presenta la obra con la realidad, Durero nunca vio al rinoceronte en persona. Esta fascinante historia ha sido recogida en diversas ocasiones en obras literarias.
También en el siglo XVI, el rey Felipe II recibió en España un rinoceronte hembra —conocido en aquella época como abada— enviado por el gobernador de Java. El animal causó gran impresión en la corte y en la ciudad de Madrid. Al parecer, tras su llegada, el monarca cedió el rinoceronte a un monasterio próximo a la actual Puerta del Sol. Otros apuntan que fue exhibido públicamente en un corral de esa zona, donde cientos de madrileños acudieron para ver a tan desconocido y sorprendente animal. No se sabe con certeza si se trataba de este ejemplar o uno distinto de la misma especie, perteneciente a un grupo de saltimbanquis portugueses que se asentó en el mismo lugar un siglo después, el que dejó una curiosa historia tras de sí. Se cuenta que cierto día, un joven que trabajaba en un horno cercano, le dio de comer un mollete que abrasaba, quizá para molestarle o como una tonta broma. Tan caliente estaba el pan que quemó el estómago del animal que, enfurecido, comenzó a golpear todo lo que encontraba a su paso, acabando con la vida del insensato muchacho. El rinoceronte logró escapar y huyó despavorido por las calles de Madrid. Los madrileños, aterrados, salieron en su búsqueda y lo encontraron al día siguiente en tierras de Vicálvaro.
También hay quienes defienden que el final de la historia de este animal fue más trágico que lo narrado hasta ahora. En aquella época, algunos potentados mostraban un gran interés por el cuerno del rinoceronte, dadas las presuntas cualidades afrodisíacas que se le atribuían. Así, alguno de ellos, envenenó al animal para cortarle el deseado cuerno. Tras todo lo acontecido, se vendía en Madrid y otros lugares de España y Europa polvos obtenidos del apreciado apéndice, así como anillos fabricados con el mismo material.
En recuerdo de aquella legendaria y triste historia, y del lugar donde se considera se desarrolló, en Madrid se encuentra la calle de la Abada. Una céntrica calle que ya aparece con ese nombre en planos del siglo XVII.

Imagen Luis García (Wikipedia), licencia:
CC BY-SA 4.0 (https://es.wikipedia.org/wiki/Calle_de_la_Abada#/media/Archivo:Calle_de_la_Abada_(Madrid)_01.jpg)
Después de Durero, el animal fue dibujado y descrito por diferentes autores y artistas, como Juan de Arphe, que lo plasma en su libro Varia Commesuracion para la escultura y arquitectura, a finales del siglo XVI: “Es el Rinoceronte animal fiero, cuerpo grande, y de conchas guarnecido, tan recias, que resisten al acero, de suerte que no puede ser herido: un cuerno en la nariz, ancho, y somero, con que ofende, y también es defendido; nada, y corre veloz, y sueltamente, nace este animal en el Oriente.”
El 22 de septiembre se celebra el Día Mundial del Rinoceronte, una jornada dedicada a generar conciencia sobre la conservación de uno de los animales más amenazados del planeta. Un día para conocer las cinco especies de rinoceronte existente: el blanco y el negro (de África), y el de la India, el de Sumatra y el de Java (de Asia); algunas de ellas al borde de la extinción.
La palabra «rinoceronte» procede del griego, de rinos («nariz») y keros (“cuerno”). Por lo tanto, su significado literal es «nariz con cuerno».
Además de abada otros sinónimos en desuso de rinoceronte, recogidos en textos de siglos pasados, son: bada y rinocerote.



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