
Fernando Martín Pescador
Recapitulemos, pues es este el último número del año 2025, dejando siempre claro que recapitular no es capitular dos veces. Tras cuatro números, el proyecto de La torre del ojo pasa a ser de ilusionante a ilusionador. Y hasta cierto punto ilusionista. Cada uno de los números se parece un poco más a lo que queremos. La puerta que abre cada ejemplar nos lleva a una habitación con muchas más puertas. Todas apetecibles. Todas tentadoras.
Sabemos que queremos ser un proyecto global y ya hemos publicado voces de muchos rincones de España, de Paraguay, Argentina y Brasil. Hemos recomendado libros estadounidenses, peruanos, argentinos, ingleses y españoles; hemos hablado de películas de Hollywood, pero también españolas. Hemos publicado en español, inglés, alemán, aragonés y catalán. Hemos publicado teatro, poesía, cuento, una historia gráfica, ensayo y opinión. Hemos hablado de literatura, historia, pintura, música, cine y de la etimología de las palabras. Hemos hablado de iniciativas editoriales, de conciertos, de grupos y de certámenes literarios.
Nuestro producto final en pedeefe no deja de tener un regusto a fanzine, que, esperamos, agrade a nuestros coleccionistas. Pero La torre del ojo está concebida para ser leída online, en línea, línea tras línea. La torre del ojo está concebida para interactuar constantemente con sus lectores, que son, a su vez, sus autores.
Por último, queremos hacer hincapié en el aspecto visual de la revista online. Cada mes está ilustrada por un autor distinto, convirtiéndose así en una exposición, extensa, de su obra. Este número de diciembre es especial porque las ilustraciones son de varios autores, todos ellos pertenecientes a Artecrómatica, la iniciativa artístico-educativa y creativa de Almudena López Zarapuz. Pero de Almudena, ya sabrán ustedes muchas cosas a final de diciembre gracias a este número de La torre del ojo. De momento, quédense con lo esencial: yo, de mayor, quiero ser como Almudena.



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