
Almudena / Artecromática
Siempre me preguntan por qué tengo un estilo pictórico tan agresivo e intenso, que resulta contradictorio teniendo en cuenta que me dedico a enseñar arte a niños. En realidad, lo que, para muchos, es agresivo o intenso, para mí, son emociones y sentimientos.
Y, con ello, me gustaría poner en valor la importancia de la inteligencia emocional y la salud mental como base para futuros adultos sanos y felices.
Me considero una persona afortunada por tener el privilegio de poder transmitir valores y emociones a través del arte. Que es sano sentir, que las emociones no son malas ni buenas. Son eso, emociones. Que somos personas, no máquinas. Que no pasa nada por sentirlas y contarlas, ya sea verbalmente o a través de cualquier otra vía que nos ayude a canalizarlas, que normalicemos expresar sentimientos… Perdamos el miedo a sentir, permitámonos ser humanos, ser personas sanas mentalmente y desarrollemos nuestra inteligencia emocional.
En una sociedad en la cual las tecnologías van ganando terreno, algo totalmente razonable siempre y cuando se apliquen, como su nombre indica, a los campos de la tecnología y no eliminen la parte humana y personal, el arte se nos insinúa como una necesidad básica, una vía realmente saludable para conseguir expresar esas emociones.
A mí los libros me salvaron, fueron mis amigos, mis confidentes, mis referentes, fuente de inspiración y de sueños… y la pintura, el complemento perfecto, mi vía de expresión en un mundo en el que aún me sigo sintiendo una extraña. Nunca encajé de niña y ahora, de adulta, sigo sin hacerlo. ¿Y sabéis qué os digo? Que me alegro.
Soy artista, pero, ante todo y lo más importante, soy una persona libre. Libre de sentir y de expresar sus emociones, libre en un mundo en el que ser libre emocionalmente se considera una locura. Pues llegados a este punto… ¡qué vivan los locos!



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