
Fernando Escudero Oliver
Nos acercamos a ritmo de villancico, chupito de pacharán y delicias de mazapán a la Navidad, y con ellos al frenético momento de los regalos. Descartando las zapatillas forradas de borreguillo -tan socorridas-, las inevitables bufandas, guantes y gorros – imprescindibles-, y los calcetines -cuanto más horteras, mejor-, auténticas estrellas navideñas, hay que reconocer el importante papel que tienen los libros en las listas de regalos que Papá Nöel y los Reyes Magos manejan tan hábilmente. Por eso, me voy a permitir comentar algunos libros interesantes que tal vez hagan las delicias de algunos regalados, o, por lo menos, se conviertan en préstamos o intercambios con otros miembros familiares a los que la lectura produce ceguera no persistente y desinterés manifiesto.
La verdad es que el problema clave no reside en la falta de oferta, pues cada año se publican entre medio y un millón de libros nuevos -patrocinados por las editoriales-, y si añadimos también las autopublicaciones – el Eldorado de las pequeñas editoriales- podríamos estar hablando de casi 4 millones de títulos nuevos anuales. En España, el ISBN inscribió 89.347 libros nuevos en 2024, con lo que, desde luego, encontrar un libro que regalar no supone ningún problema, pero, precisamente, tanta abundancia obliga a descartes y elecciones, y ese es, en época navideña, el mayor problema que azota a las hordas generosas que invaden las librerías en este mes de diciembre en busca de algún ejemplar que ofrendar al hermano, al suegro o la cuñada.
El panorama literario en España no permite sostener ninguna crisis de la literatura -la famosa muerte de la novela- pues hay elementos de sobra para acertar en el delicado mundo de los regalos navideños: desde los autores consagrados -Javier Cercas está en un momento dulce; J.J. Benítez y Javier Sierra siempre con un pie en lo paranormal; Dolores Redondo, Eva García Sáez de Urturi y Carmen Mola en el género policiaco; Santiago Posteguillo en la novela histórica; Arturo Pérez Reverte, Juan Gómez-Jurado, María Dueñas en las novelas de aventuras, apasionantes e intensas, a los autores más jóvenes, casi noveles, que están triunfando y consolidándose, siendo el caso más claro el éxito de David Uclés con su fenómeno literario La península de las casas vacías. Son precisamente estos autores jóvenes a los que quiero convocar en este breve artículo, poniendo el punto de mira en algunas de sus obras altamente recomendables, no solo para la Navidad, sino para cualquier momento en que a uno le apetezca el sano vicio solitario de las dos manos sosteniendo un libro, y la vista y el cerebro quemándose en una de las drogas más adictivas de todos los tiempos: la lectura.
De la obra de David Uclés ya se ha escrito mucho, así que me permito traer aquí una obra corta, pero intensísima de un escritor joven de verdad: Luis Mario, que con Calabobos (editorial Reservoir Books) ha sorprendido a propios y extraños, pues exhibe una madurez y una riqueza impropia de un autor de poco más de la edad de Cristo que había publicado tres novelas anteriormente. Calabobos es una obra sorprendente, dura, intensa, que contrapone realismo mágico maravilloso y un tremendismo que hace palidecer el Pascual Duarte, de Camilo José Cela. Desarrollada en Cantabria, al borde del mar, en una mezcla de atemporalidad y años noventa, cuenta la vida de una familia pobre de solemnidad en un mundo despiadado y cruel, forjando una visión mítica de los hombres y las mujeres del norte que se enfrentan al agua en todas sus formas. La utilización de la primera persona -tan de moda en la narrativa actual- permite la cercanía del narrador-testigo que cuenta su propia historia y la de su familia, conduciendo magistralmente el relato hacia la supervivencia o no de su hermana menor, un personaje discapacitado que encarna la simbiosis real entre la tierra y el mar, un personaje anfibio que se incrusta en lo más hondo del corazón del lector. La creación de un lenguaje oral, prácticamente fonético, es uno de los recursos más destacados de esta novela que se está convirtiendo, gracias al boca a boca de los lectores, y al empuje silencioso de los libreros, en uno de los libros más fascinantes de este año moribundo.
Otro libro altamente recomendable, y con rasgos comunes al anterior, sería Canto yo y la montaña baila, de Irené Solá, publicado en 2019, y que por su magia, su encanto poético, su imbricación con la naturaleza – la montaña en este caso, el mar en el libro anterior-, y la originalidad del planteamiento de una historia basada en la culpa y el perdón, no deja a nadie indiferente.
Y por último, aunque no menos importante, me gustaría destacar la trilogía (en realidad son cuatro libros) de Jon Bilbao: Basilisco, Araña, y Matamonstruos, culminada con este último libro el año pasado, en 2024 (la tetralogía incluiría Los extraños, 2021) publicados por la editorial Impedimenta. Decir que la escritura de Jon Bilbao es adictiva es quedarse corto, pues si alguien me hubiera dicho que un western puro y duro, desarrollado binariamente junto a las tribulaciones de un escritor en permanente crisis personal y literaria iba a producir unas historias tan fascinantes, me hubiera echado a reír y hubiera contestado que John Wayne murió hace mucho, en 1979 en concreto, pero la historia del pistolero y guía por territorio indio John Dunbar, tan imperturbable como irascible, tan tierno como duro, tan voraz lector como ignorante consumado es de un nivel de fascinación que obliga al lector a continuar un capítulo detrás de otro. El otro yo es el escritor fracasado en busca de la novela de su vida, mientras su vida es ya realmente una novela. Paradojas de la ficción que mezcla tiempos, personajes y acciones con una coherencia impecable. La prosa de John Bilbao es sencilla, sin artificios estéticos, como sus personajes, que tan solo intentan sobrevivir pues los fantasiosos y descuidados duran poco en el salvaje y titánico oeste, va directo a la acción, a los hechos, describe el narrador desde su omnisciencia las vidas difíciles de los que transitan tanto por el desolador oeste como por las ásperas colinas asturianas con vistas a la ría. Diálogos cortos, directos, cortantes como las novelas hiperrealistas norteamericanas hacen de Jon Bilbao una excelente opción para cualquier tiempo y lugar.
La lista podría ser bien larga, incluir las novelas filosóficas de moda (los epicúreos y a Marco Aurelio), incluso comentar el último premio Planeta del vapuleado Juan del Val, pero no se puede, ni se debe decir nada de un libro que no se ha leído, así que tan solo resta desearles una feliz Navidad, esperar que estas pocas líneas les hayan sido útiles y rogar a los dioses para que sobrevivan a las fiestas y a los fastos: con una buena lectura entre las manos es mucho más fácil, y nos puede acompañar en cualquier momento del año.



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