
Silvia Sotomayor
Nos faltó valor para entregarnos
y dejar de vivir para existir.
Nos faltó coraje para amarnos
y permitirnos ser, estar, parecer y sentir.
Nos sobró el arcaico soliloquio de almohada
y el rancio sueño recurrente
que limita y condiciona la mente
condenando para siempre al corazón a muerte.
Nos faltó desnudarnos sin vergüenza
como desnudamos contenidas
las calles de Madrid.
Nos faltaron bocas enredadas,
caricias de salitre atropelladas…
Nos faltó decirnos sí.



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