
R. Kipling
Corría el año 1390 cuando una joven y bella mujer francesa de 25 años, felizmente casada desde los quince y madre de cuatro hijos, se deleitaba con la escritura como un divertimento impropio de una mujer de finales del siglo XIV. Su vida era un cuento rosa pero una fría tarde de Noviembre se tiñó de negro. La caprichosa muerte visitó su hogar y eligió llevarse a su compañero de vida, dejándola de un solo zarpazo, sin amor y sin futuro. Su vida acomodada desde niña no conocía este tipo de infortunios, por lo que realmente no sabía cómo debía reaccionar. Quizás el instinto de madre fue la que tiró de ella con fuerza porque la situación no pintaba nada bien. Para mal de males, nunca se había dedicado a aprender oficio alguno porque sencillamente nunca lo había necesitado, primero en la mansión paterna y después en la de su esposo. Su formación, como hija de nobles, fue muy dilatada como correspondía a una joven en la corte del rey Carlos V de Francia. Pero la fría sombra de la miseria comenzó a merodear su casa tan solo unos meses después.
La ayuda familiar pronto se iría diluyendo desde que su padre, principal valedor económico para ella y sus hijos, falleció unos meses antes que su marido. El mundo parecía haberse detenido para golpearla con fuerza, pero el destino tenía ante sí a una mujer que decidió intentar vivir con lo único que realmente conocía y le fascinaba: la escritura.
Los primeros años fueron ciertamente difíciles, pero Christine conocía perfectamente la clase social a la que pertenecía y cuáles eran sus preferencias respecto a obras literarias. Comenzó escribiendo canciones y poemas para nobles enamorados que solicitaban sus servicios de escritora. Muy pronto su fama se fue extendiendo hasta llegar a la familia del propio rey de Francia del que escribiría una biografía. Parte de su creciente clientela eran los duques de Borgoña, la delfina Margarita, Isabel de Baviera, etc. La preocupación por mantener a sus hijos iba disipándose a medida que su fama y sus obras ponían de relieve que Christine, era una escritora de gran talento y fue precisamente la seguridad económica lo que la llevó a ir un paso más allá en su obra.
En 1399 publica L’Épistre au Dieu d’amours (Epístola al Dios de Amores) en donde pone de manifiesto su discrepancia con el amor cortesano de la época. Para Christine de Pizán, la mujer debía tener un papel más activo en las relaciones amorosas, algo que fue duramente criticado por sus detractores. Pero el año definitivo fue 1405, que se inició con la publicación de una autobiografía L´Avision de Christine (La visión de Christine) en donde utiliza sus memorias para dar visibilidad a las innumerables injusticias que se cometían sobre las mujeres en el recién estrenado siglo XV. Este giro en su obra pudo haberle costado muy caro, porque el mundo literario de la época, como casi todos los contextos, era prácticamente exclusivo de los hombres, y no iban a tolerar una incursión como la de Christine criticando su posición y status. Pienso que nuestra escritora debió sopesar los pros y los contras de la situación y en su siguiente obra, a finales del mismo año, Le libre de la cité des dames (La ciudad de las damas) la autora utiliza un recurso literario que se llevaba empleando desde la Antigüedad. El libro nos habla de una ciudad alegórica en donde Christine va incorporando figuras femeninas ilustres, que componen el núcleo de su ciudad ficticia. Junto a ello, incorpora tres personajes fundamentales como son las tres damas coronadas: la Razón, la Rectitud y la Justicia.
Después de las críticas recibidas en su autobiografía y el peligro que pudieron suponer para su persona, decidió poner en boca de estas tres damas coronadas todas y cada una de las reivindicaciones que ella decidió lanzar al mundo. La ciudad de las damas fue su obra más famosa y se convirtió en un antecedente de lo que siglos después terminaría siendo las bases del feminismo moderno. Sus textos reivindican los derechos de una mujer que está siendo continuamente pisoteada, mancillada, y a la que la formación universitaria estaba totalmente prohibida bajo pena de cárcel. Los más de treinta libros escritos son la huella evidente de un feminismo prehistórico y una lucha por sacar a la luz el mundo de segunda en el que vivían las mujeres de su época.
Una de sus últimas obras, un año antes de su muerte en 1430, la dedicó a Juana de Arco, Ditie de Jehanne d´Arc (Canción en honor de Juana de Arco). Christine de Pizán consideraba a Juana de Arco la representante más fidedigna del valor y tenacidad de las mujeres y no dudó en postularse a su favor. Varios siglos después, el movimiento feminista recogió el testigo de estas mujeres, para seguir un camino que en sus orígenes fue muy complicado y difícil y que fue posible recorrer gracias al talento y la tenacidad de los que hizo gala, a lo largo de su vida, la primera autora profesional de la Historia.



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