
Sara Lázaro Lucena
Cuando llegaba diciembre, a mamá le gustaba deambular entre la colección de bolas de nieve del anticuario local. Aquellos microscópicos universos, encerrados en corcho, agua y purpurina, avivaban su imaginación hasta extraviarla entre horizontes boscosos, navidades eternas, guirnaldas de luz, montañas de regalos y figuritas felices. Cada vez que yo estiraba las manos para agitar las esferas y provocar una fuerte tormenta, ella se apresuraba a detenerme. «No debemos alterar sus vidas perfectas», susurraba con cierto anhelo. Entonces, sus ensueños encallaban, invisibles, en sus pupilas y, tras un melancólico suspiro, anunciaba que ya era hora de regresar a casa.
Cuento e ilustración publicados en La Revista de Valdemoro (diciembre 2024).



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