
Rafael Yuste Oliete
Semejante a una momia, todavía era un rastro de vida. Una forma fantasmal y, en apariencia, perenne. Poseía la fortaleza de la eternidad inconsciente. Pero ¿dónde estaba su mar ahora que campaba en un abrojal sin fin? Qué extraño ambiente sin olas, sin miedo ni deseo. ¿Era aquello algún tipo de cielo, infierno, purgatorio…? Qué larga se hace cualquier espera. ¿Mas qué sentido tiene el tiempo si es siempre el adecuado? ¿Era una señal? ¿Del alma como sustrato? ¿Del triunfo de la materia? ¿Para quién? Languidecemos. Y pactamos con la tierra la acogida y, tal vez, el equilibrio.
Cuento e ilustración publicados en La Revista de Valdemoro (diciembre 2025).



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