
Raquel Bordóns
¡Qué bonito empezar el año, empezar enero con una carrera campo a través!¡Qué fácil decirlo! ¡Y qué difícil tomárselo en serio! Podemos cerrar los ojos y encontramos en ese momento de la cuenta atrás para llegar a las 0.00 del 1 de enero de cada año. Todos conocemos ese momento en España: los cuartos antes de empezar a sonar las campanadas. También existe ese «faltan cinco pa’ las doce» de Colombia, versión guarachera de Aníbal Velásquez llevada a la realidad. En Inglaterra se cuentan los diez segundos antes de llegar a la doce en punto. Y en Estados Unidos, a las 23.59, empieza a caer la gigantesca bola de la torre de Times Square y tarda un minuto en el que las almas inician su cuenta atrás para llegar al momento exacto del Año Nuevo.
Podríamos decir que esos momentos son una carrera a favor del tiempo. Pero el mismo instante en que suenan las campanadas, en que la bola de Times Square toca fondo y empieza enero es cuando empieza la verdadera carrera campo a través. Una carrera campo a través es aquella carrera «realizada fuera del asfalto, en entornos naturales como montañas, bosques, desiertos o senderos rurales. Su objetivo no es solo alcanzar una meta, sino conectar con la naturaleza y desafiar las condiciones del terreno y del propio cuerpo».
El 1 de enero fue elegido como primer día del año en honor a Jano, el dios romano de los inicios y los umbrales, representado con dos rostros: uno que mira hacia atrás y otro hacia adelante. Por supuesto, eso es un símbolo del paso del tiempo. Igualmente, en ese mes del dios Jano comienza una carrera campo a través en la que cada individuo desea alcanzar una meta, o varias en la que la propia naturaleza de su persona se enfrenta a desafiar las condiciones de los 365 días restantes para alcanzar la siguiente Nochevieja con la satisfacción de quien ha superado obstáculos, ha alcanzado deseos y ha vaciado los bolsillos de piedras y los ha llenado de logros.
Con todos mis epicúreos deseos de que enero sea una maravillosa carrera campo a través hacia los más delicados placeres; venciendo los miedos ocultos y sobrevolando las dificultades, entretejiéndolas con el bello esfuerzo del que se ama a sí mismo y al mundo, se despide esta discípula de Epicuro.


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