
Rafael Yuste Oliete
Solícita, la mantis.
Devota del sexo y la comida.
La quise.
Me devoraba.
Y yo, frugal.
Me apetecía.
Fantaseaba.
Todos los juegos.
Demorar el final.
El dulce, oscuro y perezoso trago
del amor y su vacío.
Porque quién sabe cuándo,
quién sabe qué tristeza inundará
al amante bendito entre las sábanas.



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