
Felipe Díaz Pardo
ESTRECHECES
Siempre he odiado la ropa ajustada. Sé que es una manía, pero nunca he soportado una camisa pegada al cuerpo ni un pantalón que me apretara en la cintura y que me hiciera rebosar las carnes sobre el cinturón.
Ahora me veo aquí, teniendo que soportar los agobios de este traje, por muy elegante que sea, pero que usaba hace muchos años, cuando mi complexión corporal contaba con bastantes kilos menos.
Y, además, en un espacio tan reducido y a la vista de todos, sin que me llegue la camisa al cuerpo por lo sucedido con tan triste y cruel desenlace y sin poder protestar ante tal falta de consideración por parte de unos familiares a los que lo único que les importa de mí es la herencia.
FALTA DE ATREVIMIENTO
Intento disimularlo lo mejor que puedo cuando, cariñosamente, me coge la mano y me la nota fría. Siempre que lo hace me dice lo mismo y me pregunta si me encuentro bien.
La veo tan feliz a mi lado que no me atrevo a decirle la verdad. Esperaré a que llegue ella también a la eternidad para que lo entienda.



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