
Joaquín Miñarro
Oscuro es el camino donde
las dificultades se vuelven espinas, puñales.
Puñales que penetran hiriendo tu corazón.
Donde los redondos y resbaladizos pedernales
provocan, que tras una caída y al intentar levantarte
caigas y caigas una y otra vez,
una y otra vez…
.
¡Pero te levantas!
Buscas una mano amiga que te ayude,
que limpie la sangre de tu rostro
golpeado.
A duras penas te arrastras y gateando,
(las rodillas, en carne viva) sigues adelante
porque allí, delante, alguien te espera.
¡Sí! Tiene que haber alguien.
.
Pero caes.
Y te rebozas en el lodo
mezclado con tu sudor,
sudor frío que solo calienta la sangre.
Tu sangre.
Desvanecido, ves los rostros,
rostros antaño agradables y que tú,
no quieres mirar.
¡Te duelen al mirar!
.
Una mano acaricia tu pelo.
.
¡Nooo! Estoy soñando,
soñando un sueño placentero y
no quiero despertar.
Me acurruco en el frío suelo
y me envuelvo en mis brazos.
Me caliento.
Ya noto mi cuerpo y vuelvo en mí.
Me levanto. Sigo adelante.
Y me yergo y tropiezo y sigo.
.
Palpo ¡Busco! Buscaré.
Buscaré la mano que me acarició
la mano que noté cálida,
la mano, que me indicará acaso,
tu rostro.
.
Quiero ver ese rostro,
quiero saber si en él,
me puedo mirar.
Porque quizá, en él,
mi rostro
vea reflejado.
.
Ya no tengo miedo de verte,
mirarte.
Y por eso el camino oscuro,
tenebroso,
lo andaré erguido
confiado.
.
Sé, que veré el brillo de tus ojos,
me alumbrarán la vereda tortuosa,
me guiarán.
Y yendo hacia adelante,
alcanzaré la luz.
.
Sigo tropezando, pero ahora
los golpes no aplazarán tu búsqueda.
A cada golpe, un impulso,
a cada impulso, un salto
y a cada salto, me acercaré más y más…
.
Ahora el suelo es liso, plácido al caminar.
Voy saliendo de la oscuridad;
los árboles se van abriendo
ante mí.
Por entre sus ramas, sus hojas,
una tenue y cálida luz penetra.
Mi rostro es acariciado por las flores,
por la brisa.
Oigo cantar a los pájaros
cantos que siempre han estado ahí,
música, que dejé de oír.
.
Sigo adelante sin mirar atrás,
sin hurgar en mis heridas,
sin juzgar.
.
Voy llegando a la luz
luz que no me ciega,
Luz que deja ver tu rostro,
el mío.
.
Como una cebolla a la que se le va quitando
una capa y otra y otra…
así llegaré al final del camino
dejando atrás,
en un borde del sendero,
el peso de mi alforja.
.
Estoy inquieto.
El cosquilleo de la vida siento.
De nuevo siento el frío
siento el calor.
Siento miedo,
Siento valentía.
Me enfado, amo…
.
Emprenderé de nuevo el viaje.
De nuevo llenaré mi alforja.
La preñaré de poesías,
y aunque…
Me golpearé
y tropezaré.
¡No temeré…!
la luz, tu luz
será mi compañera.
.
¡Fluirá la vida!
En ella navegaré
al día le seguirá la noche,
a la noche…el día.


Deja un comentario