
Felipe Díaz Pardo
Contar historias es una actividad que el hombre lleva haciendo desde el principio de los tiempos, desde que, junto al fuego, alguien narraba algún incidente, real o fantástico que él había vivido, oído o imaginado. Lo narraría a un grupo de hombres, mujeres y niños, todos miembros de su tribu, absortos, ante aquellos relatos que les entretenían, sumidos en sus vidas precarias y difíciles.
Más tarde, ese narrador de cuentos lo imaginamos en la plaza de un mercado oriental, rodeado de oyentes expectantes o delante de la choza de un poblado africano, en el interior de la selva amazónica o sentado en el café de una ciudad ante un público deseoso de escuchar variadas historias de un pasado indefinido.
El cuento es una manifestación creativa, existente en la memoria colectiva de todos los pueblos y en todas las lenguas. Se componen de diversas formas, se relacionan y se mezclan de diversas maneras con las lecturas que leemos y las vidas que vivimos.
La génesis del cuento parte de dos explicaciones: una histórica y otra psicológica. La explicación histórica da cuenta de una situación narrativa oral que está documentada en todos los periodos de la civilización. La explicación psicológica se refiere a la voluntad con que un hablante se dispone a captar la atención de un oyente y el sentimiento de este ante un relato imaginario.
Ante esto, nos encontramos con una lista de conjeturas e hipótesis, según Anderson Imbert [1]:
- Hipótesis religiosas: Dios dio al hombre la gracia de contar y probablemente Adán fue el primer cuentista de maravillas.
- Hipótesis mitológicas: mitos primitivos que explicaban los misterios del universo se personifican después en héroes de cuentos.
- Hipótesis simbolistas: autores iniciados en un sistema de creencias lanzaron mensajes en forma de cuentos.
- Hipótesis psicoanalíticas: deseos y temores reprimidos en la subconsciencia se manifestaron en sueños y fantasías y de allí se configuraron en cuentos.
- Hipótesis evolucionistas: en el nivel más bajo de la conciencia, los conflictos se liberaron en el lenguaje irracional, imaginativo del cuento popular, el cual evolucionó con la evolución humana.
- Hipótesis antropológicas: costumbres de sociedades primitivas se reflejaron en cuentos. Abandonadas esas costumbres, los cuentos sobrevivieron con un interés nuevo, independientemente del significado de las costumbres iniciales.
- Hipótesis ritualistas: ritos que se dejaron de practicar fueron comentados en forma de mitos y por intermedio del mito se convirtieron en cuentos.
Pero frente a estas conjeturas existen opiniones contrarias que podemos resumir brevemente con las siguientes objeciones: que ni conocemos cuentos prehistóricos ni podemos documentar la relación de la sociedad prehistórica con los cuentos prehistóricos que sí conocemos; que la literatura no tiene prehistoria porque, por definición, es Historia; que no hay ni un solo cuento que haya salido completo de mito también completo; que las etimologías alegóricas de los nombres de héroes de cuentos han sido refutados por la ciencia; etcétera.
Tal vez lo más prudente sería combinar todas las hipótesis o conjeturas sobre el origen del cuento, admitiendo la evidencia de que ciertas tramas de cuentos han aparecido en diferentes lenguas, culturas, naciones sin que podamos explicar la causa de esa similitud. A este respecto, también existen hipótesis. Una de ellas es la monogenética, que defiende la idea de que en una sociedad primera surgió un protocuento del que han surgido todos los cuentos que conocemos. La hipótesis contraria es la poligenista que explica con argumentos psicológicos la repetición de las mismas tramas narrativas: la esperanza, los deseos son sentimientos humanos constantes que inspiran los cuentos que los reflejan. Si bien ambas hipótesis son sugerentes, ninguna sirve como explicación aplicable a todos los cuentos. Así, por ejemplo, podemos encontrar cuentos en El conde Lucanor que proceden de la India, pero que su motivación sea diferente: en unos casos, la India es la fuente; en otros, la coincidencia se debe a que hombres de distintos lugares pensaron lo mismo.
En el listado anterior de suposiciones sobre el origen del cuento tiene gran importancia la aparición del mito, del cual sería difícil encontrar una definición exacta que fuera accesible a los no especialistas, como dice Eliade. El mito, siguiendo al escritor rumano, narra una historia sagrada; relata un acontecimiento sucedido en el tiempo primordial el fabuloso tiempo de los orígenes; cuenta cómo, gracias a las hazañas de los seres sobrenaturales, una realidad ha venido a la existencia, sea esta la total, el Cosmos, o solamente un fragmento: una isla, una especie vegetal, un comportamiento humano, una institución. El mito, por tanto, es siempre el relato de una creación: narra cómo se ha producido algo, cómo ha comenzado a ser [2].
Para Anderson Imbert, el mito está entre la religión y la ficción. Tiene la forma de una pregunta y una respuesta. El hombre pregunta: «¿Qué significa la luz del día y la oscuridad de la noche?», y una voz anónima responde: «Que Dios puso el sol en medio del cielo para que… etc.». Es una narración que se ha dado muchas veces (mito, en griego significa «algo distinto») para explicar, con la intervención de seres misteriosos, el origen y sentido del universo [3].
Los mitos son diferentes, dependiendo de su temática. Quizás los más conocidos son los cosmogónicos, que intentan explicar el origen de los dioses. De ellos existen numerosos relatos que aportan la originalidad, la cultura y las particularidades del pueblo que los ha creado. No obstante, a pesar de su variedad, hay rasgos y aspectos que se repiten con insistencia, mostrando un origen común de la humanidad.
Así ocurre con la narración de la Creación narrada en el Génesis (I y II, 2-4), el primero de los libros de la Biblia. Otro mito cosmogónico es El origen del mundo, perteneciente a las Metamorfosis, del poeta latino Publio Ovidio Nasón (43 a.C.- 28 d. C.). Un tercer mito cosmogónico se encuentra en un relato chino, en el que el Creador es un misterioso gigante llamado Pan Xan, dotado de poderes mágicos y de cuyo cuerpo metamorfoseado toma origen todo lo que existe. Por último, los bellos relatos amerindios dan cuenta de los mitos cosmogónicos. Uno de ellos pertenece a los jíbaros de Ecuador, en el que Yus, el dios creador, va vistiendo de bellos dones la tierra desnuda. El otro, de una tribu de indios del Alto Orinoco, en la Amazonía venezolana, muestra también a un padre creador que tras dar vida a los hombres muere por darles alimento e integrarse él mismo en la Naturaleza.
Otros tipos de mitos son los teogónicos, que se refieren al origen de los dioses; los antropogénicos, relativos a la aparición del hombre; los etiológicos, que explican la existencia de instituciones y comportamientos políticos, sociales o religiosos; y los escatológicos si tratan del fin del mundo y de la vida de ultratumba [4].
En definitiva, todos los estudiosos coinciden en la función social del mito como elementos cohesionador de la comunidad.
[1] Anderson Imbert, Enrique: Teoría y técnica del cuento. Barcelona, Ariel, 2007, 4ª reimp., pp. 20-21
[2] Eliade, Mircea: Mito y realidad. Labor, Barcelona, 1985, p. 13.
[3] Op. cit., p. 33.
[4] Díez R., Miguel y Díez-Taboada, Paz: La memoria de los cuentos. Madrid, España-Calpe, 1998, p. 26.


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