
Juan José Jurado Soto
AZAFATA
Denominamos azafata a la mujer que atiende a los pasajeros durante un viaje en avión. Un término que ha crecido en las últimas décadas y en la actualidad también se llama azafata o azafato (para el masculino), a los empleados de las compañías de aviación que prestan asistencia al público en servicios diversos (información, facturación…), así como a los que viajan en otros medios de transporte: tren, autocar, etc. Igualmente, hoy conocemos como azafatas a las encargadas de facilitar información y ayuda al público en congresos, ferias u otros eventos. En algunos lugares de América se conoce a los que desempeñan esta profesión como aeromozo o aeromoza y más concretamente, en Colombia y Ecuador se llama cabinero o cabinera a estos auxiliares de vuelo o cabina.
Pero históricamente, la azafata era una criada de la reina que se encargaba de asistirla y proporcionarle los vestidos y alhajas que se iba a poner, así como de recogerlo todo al terminar de usarlos.
La palabra azafata procede de azafate, del árabe hispánico assafáṭ, y éste del árabe clásico safaṭ, con el significado de “canastillo”, recipiente que era usado para artículos de belleza y cuidado personal femenino. Hoy se sigue llamando azafate tanto al referido canastillo de mimbre como a la bandeja o fuente con borde de poca altura hecha de paja, latón, loza, plata u otras materias. El azafate es una pieza importante para transportar, servir y presentar alimentos y bebidas en hostelería y restauración, por lo que son fabricadas con material antideslizante y resistente.
No es extraño que a las encargadas de llevar el azafate con los enseres de la reina comenzaran a ser llamadas azafatas y que, posteriormente, ese oficio amplió su cometido a otras tareas de asistencia cortesana.
Con la expansión de la navegación aérea la denominación de azafata, para referirse a las mujeres que ayudaban a los pasajeros en los vuelos, se hizo de uso común. Y la Real Academia Española acabó incluyendo el término en el Suplemento de su Diccionario de 1970. Con el tiempo, la palabra amplió su significado, tal y como hemos comentado.
“[…] y saltó el diente tan blanco, tan limpio y tan precioso como una perlita sin engaste.
Recogiólo en un azafate de oro el gentilhombre Grande de guardia, y fue á presentarlo á S. M. la Reina. Convocó ésta al punto el Consejo de Ministros, y dividiéronse las opiniones.”
Del libro Ratón Pérez (1911) de P. Luis Coloma, un cuento infantil que tiene como protagonista al rey Alfonso XIII y que narra la historia del diente de leche que se le cayó siendo niño.
LUTIER
Lutier o luthier, pues de ambas formas está registrada la palabra en el Diccionario de la RAE, es una persona especializada en construir, reparar y restaurar instrumentos musicales de cuerda (como violines, guitarras, violonchelos, etc.), aunque también se usa actualmente para otro tipo de instrumentos de música en general. Su trabajo es pura artesanía y precisa conocimientos de carpintería, acústica y arte.
La palabra que da nombre a esta profesiónviene del francés luthier, que a su vez deriva de luth (“laúd”), y ésta del árabe: al-ʿūd (“la madera”, referida al laúd). Del árabe derivó al italiano como liutaio, que significaba constructor de laúdes. Del italiano pasó al francés como luthier, documentándose desde el siglo XVII para constructores de instrumentos de cuerda. El español adoptó el término francés como luthier (hoy también lutier), aunque tradicionalmente se usaban palabras como laudero o violero, que se consideran como sinónimos.
Por lo tanto, si originalmente, en la Edad Media, se designaba luthier a los artesanos que fabricaban laúdes, con el tiempo el término se extendió para dar nombre a los que construían y reparaban todo tipo de instrumentos de cuerda punteada o frotada. Y, desde 1832, como al fabricante o vendedor de todo tipo de instrumentos musicales.
Lutheria o Lauderia es el almacén o comercio del lutier, donde, además de la parte artesanal, también se pueden vender instrumentos musicales de cuerda, viento o de percusión.
Les Luthiers es el nombre del famoso grupo musical y humorístico argentino que, desde 1967, sigue en activo, si bien, algunos de sus miembros fundadores ya han fallecido. El nombre es un guiño a su imaginación, al ser los fabricantes de sus propios instrumentos musicales, creados con materiales cotidianos, como el “latín o violín de lata” o la “máquina de tocar o dactilófono”, cuya base es una vieja máquina de escribir. En sus inicios, se autodenominaban: «Conjunto de instrumentos informales», pero el nombre «Les Luthiers» se popularizó y se quedó como marca y sello de sus espectáculos de humor y música.
PLAÑIDERA
Las plañideras eran mujeres contratadas para llorar y lamentarse en los funerales, de forma muy llamativa. Tienen un origen ancestral, teniendo pruebas de su existencia en las antiguas culturas de Egipto, Grecia y Roma, así como referencias en el Antiguo Testamento. Era parte de un ritual, una forma de expresar el dolor colectivo, de recordar al fallecido y de mostrar lo querido que era.
La palabra plañidera procede de plañir (“sollozar”) y ésta del latín, de plangere, que significa “llorar, gemir o lamentarse exageradamente”.
En España, su presencia se remonta a la antigüedad. En el siglo XVIII, la Iglesia Católica las persiguió e intentó erradicarlas, prohibiendo que se cobrara por llorar y excomulgando a quienes lo hicieran, lo que contribuyó a su desaparición. Hasta mediados del siglo XX, su práctica fue una costumbre y tradición muy arraigada en pueblos y zonas rurales, especialmente en el norte y Galicia. Existían distintas formas de llantos y lamentos para expresar la tristeza, según la clase del difunto.
En algunos lugares de Latinoamérica el trabajo de plañidera, también conocidas como llorona, se ha visto reactivado de manera puntual, especialmente en momentos de crisis y en fechas concretas como el Día de Todos los Santos. En San Juan del Río (Querétaro, México), es famoso el concurso anual de plañideras o lloronas, en el que se recuerda este tradicional oficio, donde se premia la mejor interpretación de un duelo, honrando esta práctica cultural de acompañar al difunto y a los dolientes.
El percusionista puertorriqueño Tito Puente y la intérprete cubana La Lupe popularizaron La lloradora, una canción con música salsa que presenta a una mujer que llora profesionalmente por dinero. La letra, que es una sátira sobre los rituales funerarios y el cobro por los servicios en un momento de duelo, comienza así:
Antonia es una mujer
Ella llora por encargo
Si a usted se le muere alguien
Ella va a llorarle un rato
Ella llora por dinero
Con ataque y sin ataque
Si quiere que bese al muerto
Tiene que pagarle aparte
Y sigue la canción:
Mire, Doña, yo soy muy humilde, pero yo lloro por dinero, y tengo tres clases de llanto pa’ que usté’ escoja. El primero es el gimiqueo, vale 25 poetas, y hace asi. hi hi hi hi hi haio hiii… El segundo es el grito seco, le cuesta 50 pesos y dice asi: Ay, ay ay, mi marido, Y el tercero es el ataque con lágrimas, revolcándome en el suelo, tiene que darme alcohol para revivirme, y le beso al muerto si quiere, pero tiene que darme 100 pesos uno arriba del otro.
Hoy en día, en España, aunque desaparecido como oficio, persisten ecos en los coros de mujeres que lloran en ciertas procesiones de Semana Santa, especialmente en el Santo Entierro, como herencia de estos lamentos rituales.
En la actualidad, además de tener el significado comentado, nuestros diccionarios recogen el término como adjetivo que se usa para referirse a toda persona que llora y se lamenta mucho.
PAPARAZZI
Paparazzi es una palabra muy actual que se usa para referirse a los fotógrafos que persiguen a personas famosas para obtener imágenes, a menudo de manera intrusiva y sin su consentimiento, con el fin de publicarlas en la prensa u otros medios. Suelen centrarse en personajes de actualidad y del ámbito de la prensa rosa, buscando fotos íntimas o comprometedoras de celebridades.
Para conocer la etimología de la palabra paparazzi hay que remontarse al año 1960 y a la película italiana La Dolce Vita de Federico Fellini. En ella, el periodista Marcello Rubini (interpretado por Marcello Mastroianni) se encuentra con el fotógrafo Coriolan Paparazzo (Walter Santesso). Al parecer, el origen de ese nombre está en un amigo de la infancia de Fellini, cuyo apodo era Paparazzo, y que era un fotógrafo de la prensa rosa. Según unos, en el dialecto de la región italiana de los Abruzos paparazzo significa “almeja”, lo que llevó al director a la analogía entre paparazzo y fotógrafo por la cautela con que este molusco abre y cierra su concha, al igual que el objetivo de la cámara fotográfica. Según otros, paparazzo, en dialecto italiano, se asociaba con un «mosquito», un insecto ruidoso e inquietante que zumba y molesta, lo que encajaba con la descripción de los fotógrafos intrusivos; incluso hay quienes dicen que el zumbido del mosquito se asemejaba con los niños inquietos que tartamudeaban al hablar, lo que les llevaba a ganarse ese nombre como mote. De cualquier forma, parece que Fellini se divertía explicando versiones diversas sobre el origen del nombre del fotógrafo de su película.
De esta forma, gracias al impacto cultural de la película de Fellini, la palabra se consolidó en el lenguaje popular para describir a estos indiscretos y entrometidos reporteros gráficos.
El español adoptó el plural de paparazzo, la voz italiana paparazzi. Así, en nuestro idioma, la forma recomendada es paparazi (singular) y paparazis (plural), sin embargo también se acepta el italianismo paparazzi tanto para el singular como para el plural. Incluso hay quienes usan la adaptación paparachi y paparachis (singular o plural), con una pronunciación similar al extranjerismo. En cuanto al género, se puede decir un paparazi o una paparazi.
En Chile se utiliza el verbo paparazear, con el sentido de “practicar la profesión de paparazi” y de “abordar los paparazis a una persona famosa para conseguir declaraciones o fotografías”.
En la actualidad, las nuevas tecnologías han facilitado el oficio del paparazzi. La complicada y costosa fotografía analógica ha pasado a la historia, siendo la fotografía digital un recurso al alcance de cualquiera. Indudablemente no existirían paparazis si no hubiera editoriales que compraran las fotografías y un público interesado en la prensa rosa.



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