
R. Kipling
En la tarde de un gélido día de noviembre de 1913 en París, la policía entró en el taller de Camille Claudel. Los vecinos llevaban escuchando todo el día unos ruidos extraños, fuertes golpes, gritos asustados, y ese fue el motivo de que alertaran a la gendarmería. Llevaba encerrada 8 años y no permitía que nadie la visitara. Cuando entraron los gendarmes, su estado era lamentable, su vestimenta era un manojo de harapos y la mayor parte de las esculturas que había realizado a lo largo de los años, estaban destruidas. Camille tenía la mirada perdida, no acertaba a decir palabra alguna y menos aún a responder a las preguntas de los gendarmes. Unos días después, su familia decidió ingresarla en el Hospital Motdevergues para enfermos mentales, donde moriría tres décadas después, sola, angustiada y sin apenas visitas, su hermano fue a verla siete veces en treinta años.
Camille Claudel nació en el seno de una familia acomodada en 1864 y desde muy joven, muestra una pasión inusual por el modelado en barro. Eugénie, la sirvienta de la casa, era la modelo perfecta para la joven escultora y con infinita paciencia posa para la niña una y otra vez. La habilidad de Camille para crear una figura humana en arcilla, fue algo que despertó el interés de buena parte de su familia. La madre, comienza a preocuparse porque “ser artista era algo inapropiado para una dama”, sin embargo, su padre se siente intrigado por una pasión artística tan temprana y consulta a su vecino Alfred Bouches, un afamado escultor parisino. Después de ver las obras en arcilla de Camille, el escultor sugiere a su padre que la lleve a París para iniciar su formación como escultora.
La familia se traslada a París en 1881 y Camille ingresa con tan solo 17 años en la prestigiosa Academia Colarassi, uno de los pocos centros para artistas que admitían mujeres en aquella época. Todos los profesores vieron en Camille una artista en potencia y, tan solo un año después, consigue ingresar en la Escuela de Bellas Artes de París. En ese mismo año, su mentor Alfred Bouches debe trasladarse a Florencia y pide a su amigo Auguste Rodin que se encargue de la formación de su pupila. A pesar de que Rodin es 24 años mayor que ella, el romance surge de inmediato y se convierten en la pareja más criticada de París.
Durante los primeros años con Rodin, Camille posa para él, es su musa, pero también su colaboradora, trabaja con él, y el famoso escultor en seguida se da cuenta de que era cierto lo del potencial artístico que ya habían señalado sus anteriores mentores. Las manos, los pies y en ocasiones hasta las cabezas de algunas de sus mejores obras (“El beso” o “El pensador”) serán obra de Camille, dejando también su impronta como gran escultora en el modelado de las figuras de “Las puertas del infierno”.
Con el paso de los años, la formación de Camille iba creciendo y comenzó a realizar obras en solitario que la crítica de la época encumbró, a pesar de tratarse de una mujer. “Sakountal” (El abandono) fue considerada “magistral y dolorosamente tierna”, mientras que “El gran vals”, en donde Camille representó de manera sublime a una pareja desnuda, fue censurada por el gobierno de la época por considerarla demasiado frívola. Pero Camille había conseguido el reconocimiento de la sociedad francesa como gran escultora, algo que pocas mujeres habían conseguido, no solo en Francia, sino en toda Europa. Sin embargo, la sombra de Rodin era muy alargada y pronto comenzarían los problemas en la pareja.
Camille decide romper con Rodin en 1893, algo inusual en aquél entonces, porque era el hombre el que tomaba siempre la iniciativa en las rupturas de pareja. Su relación con Rose Beuret fue el detonante para romper el idilio que llevaba deteriorándose desde hacía varios meses. Tan solo dos años después, realiza una de sus obras más famosas, “La edad madura”. Se trata de un conjunto escultórico que representa varios personajes: una joven suplicando arrodillada (Camille) frente a un hombre que se marcha dándole la espalda (Rodin) acompañado de un personaje mitad ángel, mitad bruja (Rose). La crítica fue unánime y la obra fue considerada como el cenit de la producción escultórica de Camille hasta ese momento.
Los años siguientes fueron muy duros para Camille: a pesar de su éxito anterior, era una mujer y, después de su ruptura con Rodin, se le fueron cerrando muchas puertas. A principios del siglo pasado, en 1905, decide encerrarse en su taller durante ocho años, sin permitir que nadie entrara, ni siquiera su familia. Transcurrido ese tiempo, y alertada la gendarmería por sus vecinos, su madre y hermano decidieron encerrarla en un hospital para enfermos mentales, donde fue diagnosticada de “psicosis delirante”, permaneciendo más de tres décadas apartada del mundo y de todos sus conocidos. Durante los primeros años en el hospital, la mejoría de Camille fue importante y su médico sugirió que podría volver a París, pero su familia no lo permitió y permaneció encerrada hasta que murió el 9 de octubre de 1943, siendo enterrada en el propio cementerio del hospital, en una tumba sin nombre y con el número 392.
A finales del siglo pasado, una línea de investigación de la propia Academia de Bellas Artes de París, señaló que el inmenso talento de Camille podría haber sido la clave para que algunas de las obras firmadas por Rodin, fuesen en realidad de Camille, cuestión ésta muy difícil de demostrar, porque, si bien es cierto que está confirmado que algunas de las partes de las esculturas fueron realizadas por la artista, a día de hoy, no podemos aseverar que la autoría fuese más allá. Las más de 70 obras que se conservan de Camille, nos hablan de una mujer con un genio a la altura de los grandes escultores de la época, Rodin incluido. Cuando veamos las obras de Rodin, recordemos que parte de sus esculturas fueron obra de Camille, su alma permanece en la delicadeza de sus dedos, en la elegancia de los pies y en la verdad de sus rostros.



Deja un comentario