
La IV guerra ibérica (sobre Umbral y Uclés, sintagmas arborescentes)
Octavio Gómez Milián
La Guerra de África, la Guerra Civil, la guerra de los años de plomo. ¿Podemos elegir? Sintagma, preposición, sintagma y adjetivo. Aragón global, todos los escritores son aragoneses. Tú también. Porque tú escribiste en la escuela, algo, no sé cuánto. Pero seguro que sí. No hace falta abrir un agujero, un boquete a otra dimensión. Se abre y contempla el mundo, el viajero, este, nuestra dimensión, este mundo es el correcto. Aragón global, donde escribo una versión nueva de «Los Helechos Arborescentes», el moro, en España, su propia España, el ejército, todos los ejércitos vencidos y capturados. El moro Muza, coleccionista de bragas, acumulador de teléfonos en las letrinas, busco: Serie Francesillo, «Las ninfas» de 1975 y Los helechos arborescentes (1980), las casas de las niñas, llega el tren hasta Ariza, llega el autobús del instituto desde El Ejido. Vienen a guerra ganada y no corren, no son como los italianos (en el Ebro y en las Malvinas). Antes de Uclés estuvo Umbral. Doble U, la historia mágica, loca, cuántica, la historia alternativa de España. El poeta cabrón, el cabrón poeta, José de Zorrilla, lleva en la cartera un carnet de la Falange y otro de la CNT, a veces se confunde, enseña el que no debe, pero vive de la memoria y de la admiración es un espectro de la poesía, un tipo que sale en los libros de texto, en los antiguos, séptimo y octavo de EGB, los chicos del PREU, las niñas de la ESO.
José de Zorrilla sobrevive a los disparos, al bicarbonato del abismo. Tomás de Zumalacárregui llega con olor a fiemo, en la autovía, Pamplona-Zaragoza. Recuerdo, en Zaragoza, ciudad mutante, las escaleras metálicas, hacia el río, el Huerva, ahí, el sabor agrio de las copas mal trasegadas. La zona de bares de Zaragoza, Zuma. Las canciones de Las Novias en Zuma. Los hijos de Luis Buñuel. Todavía no, Zuma de Zumalacárregui en Zaragoza, triple Zeta. Nada de fulgor, solo África. Ahí, entre Zorrilla y Espronceda, vacilándose, el uno al otro, como si fuera una batalla de gallos. Alcohol malo, muy malo. Las Clarisas, que te pasan sus pastas, baratas, para el alivio después del alcohol. Te dirá que no al oro, sí a los duros de Franco. O al revés, no lo sé. Levantarse con resaca, levantarse joven, caminar hacia la Plaza Santa Cruz, luego al arco del deán, buscar el alivio del rastro. Mi hijo, mi mujer: revistas de baloncesto, mi hijo que mira, conoce a Javier, Javier Aquilué, músico plástico oscense seducido por la imaginería pagana, ángeles de abrigo de paño, un gólem, estatuillas de dioses perversos, batracios, cerámicas, el olor del Ebro en la desembocadura, mezclado con el cartón, de Tortosa, hacia atrás, la fábrica de la SAICA, busco la palabra, el nombre exacto, mientras mi mujer busca entre un montón de llaves, sobre una sábana, chatarra que no abre ninguna puerta, llaves jubiladas de casas, casones, palacios derruidos. Javier y la quincalla, mi hijo, tebeos de Bruguera, el ABC se nos ha hecho republicano, en el Blanco y negro, un anuncio de Heno de Pravia, de antes de la guerra, ¿de qué guerra, Octavio? ¿De qué rastro, más bien? Con el anuncio, ahora que el Blanco y negro se ha convertido en el Rojo y negro, los anuncios de jabón se pueden utilizar como material para collages. Cada uno de ellos, armado de una tijera, cada uno de nosotros, atrapados en el domingo, evitando el lunes, la hermandad de la quincalla.
España, de rastro en rastro, de plaza de toros a los alrededores de la catedral. Fantasmas del rastro, Sergio Algora vendiendo casetes grabados, el nuevo disco de Gabinete Caligari y Golpes Bajos. En su puesto, compartido con un tipo, cangrejo de anís, leche tibia, su compañero llega con una canoa, junto al río. Lo mejor es lo que queda en el suelo, lo que se abandona en la arena, al acabar el horario, el domingo que acaba para volver a empezar. Es lo mejor, se han marchado todos, lo vendido, comprado, lo robado. No había yonquis en la época de Francesillo, más tarde, lo contará Umbral, camino de ir a comprar el pan. El pan de la Transición. De 1980, comenzando la tercera guerra ibérica. Todos los personajes nuevos: de una dictadura a la otra, de Argentina a España, Moris, Sergio Makaroff, Rot&Stivel: Macario en las manos de Maricarmen. La portada del Pronto. Cuidado. Así se rompe el orden natural de las cosas. Es como comprar singles de Julio Iglesias con dinero de la República. Llevaba el tipo cincuenta años en un zulo. Ahora lo llamaría okupa. Al final, no está seguro, llaman a su casa, antes de que llegaran los prefijos, paga el sol y sombra con dinero de la república. La república es un jamón dulce, dulce no York, jamón por no decir nubes de azúcar. Malvavisco. ¿A dónde vas, desgraciado? Patacones, trigo, Galicia, museo, no, es Aerolíneas Argentinas. Desmontes de Tablares. Palencia, la capital del dolor. El Machu Picchu en ladrillo. Las caras en los billetes: Manuel de Falla, Benito Pérez Galdós. ¿Rojos o Pelayo? Fascistas a golpes contra los lectores del ABC. Los escritores son Eugenio Montes, Agustín de Foxá, Eugenio d’Ors, retomamos la saga, fuga con Pío XII, la escolta mora y un general sin un ojo (1985), Leyenda del César Visionario (1991) y el amor tísico de Las señoritas de Aviñón (1995). Dadme tiempo, es la forja, el ladrón, Greta Garbo, Nava de la Asunción, Alberto Contador, Pinto, tendremos tiempo, cuando sea. Es el primer capítulo. Greta Garbo saliendo de la pantalla, en el negro fundido sobre el púrpura. Un solo ojo, como Leiva, el de Pereza, como Millán Astray, la muerte, la Legión. Libros de confusión, esquemáticos, fáciles de confundir. Memoria, diario, novela escrita, novela acumulada, acumulativa, todo primeros capítulos. Entre foulard y boina. Primer capítulo.


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