
Pedro Fajardo
Un casino de provincias lleno de gente. Sobre el escenario, el líder de la secta. Se escucha una voz que procede de alguno de los espectadores. El líder, mientras tanto, deambula por el escenario realizando un saludo curioso que identifica a los miembros de la secta y que consiste en entrelazar los pulgares y mover el resto de los dedos como si fueran las alas de un pájaro y todo ello dibujando un semicírculo de izquierda a derecha. Los receptores le responden de idéntica manera.
HOMBRE.— ¡Oh, hermandad del pajarito!
Que nos congregas aquí
y te cantamos bajito
para hacerte muy feliz.
Hoy nuestro líder Gorito,
que vale un potosí,
nos hablará un momentito
si le queremos oír.
Y con su verbo florido
que conforta de por sí,
nos sentiremos queridos
y clamaremos: ¡Por fin!
¡Oh, hermandad del pajarito!…
GORITO.— Basta, basta ya, Epifanio… Ya te hemos dado cancha, has repetido nuestro ilustre himno cuatro veces, pero ya está bien… Nuestros queridos pío-pajaritos se van a sentir rehenes de tu entusiasmo, más que idólatras de tus dotes cantarinas que, por cierto, hoy no han mostrado sus mejores galas… Tú ensaya, ensaya más para nuestro próximo encuentro. Y ahora, antes de entregarme a vosotros, quiero escuchar la petición unánime de mis pío-pajaritos…
Se oye la voz del público que grita: “ESTOY MAL, PERO VOY BIEN: TE TENGO A TI”.
GORITO.— ¡ESTOY MAL, PERO VOY BIEN: TE TENGO A TI! Sí, queridos míos, me tenéis, soy vuestro, me prodigo entre vosotros como el agua saludable que reconforta al sediento, como bálsamo en la espalda tras quemadura de sol, como el maná que alimenta la vida… Y hablando de alimentar, mirad este cestillo… ¡Qué triste está! Reclama sus billetitos solidarios… La pasada semana obtuvimos novecientos cincuenta euros… Hoy tenemos que dinamitar nuestro límite e ir más allá. Porque podéis, claro que podéis… Pío-pajaritos, procuremos que el cesto se quede pequeño y tengamos que cambiarlo… (Se lo da a uno de los miembros.) Ahí va, como barquichuelo a la deriva. ¡Que no naufrague! ¡Que tarde en retornar a mí! ¡Y que, cuando lo haga, henchido de su carga y a punto de zozobrar, ya saldré yo, vuestro amado Gorito, a rescatarlo de la turba tormentosa que pretende hundirlo! Yo, que quemé mis naves para salvaros a vosotros, no merezco nada más que vuestra admiración y cariño… (Pausa. Pone una mano tras la oreja.) ¡No os escucho!
Se oye de nuevo la voz del público que grita: “ESTOY MAL, PERO VOY BIEN: TE TENGO A TI”.
GORITO.— Por cierto, ahora que veo allí a las hermanas Requejo, Etelvina y Viriata, quiero recordaros que algunos de vosotros todavía no ha satisfecho el correspondiente abono de la cuota mensual… ¿Cómo pretendéis que mantengamos la hermandad en pie? ¿Es que pensáis que me sustento con aire? ¿Acaso si me pinchan no sangro? ¿Acaso si me hacen cosquillas no río? ¿Acaso si me envenenan no muero? ¡Oh, dichosos los que procuran el bien ajeno porque ellos alcanzarán el nido del Gran Emplumado, a quien rendimos nuestra humilde pleitesía encorvando la cerviz…! A ver, Eneido, sempiterno pecador, que la joroba no te impida que te humilles ante nuestra deidad… Así, así… Bien, antes de proceder a nuestro riguroso sorteo semanal, unos minutos de publicidad…
Gorito empieza a mostrar algunos artículos que se hallan sobre una mesa y que forman parte del merchandising de la secta.
GORITO.— Camisetas de pluma de gorrión: las hay en verde, en rojo y también en marrón. Estilizan con asombro tu figura y ocultan tus curvas con toda mesura (Ahora coge un silbato.) Para sentir de cerca la voz del Emplumado, nada mejor que este silbato dorado: pío, pío, pío, pi; no puedo vivir sin ti Toca el silbato y todos hacen el gesto emblemático del vuelo del pajarito). Por último, esto que veis aquí, son del Gran Pájaro excrementos que suavizarán tu estreñimiento. Todas estas novedades os serán ofrecidas a la salida y no puede quedar nada… Ya sabéis que nuestros productos se renuevan cada semana y con su adquisición paliamos la condena de aquellos pío-pajaritos que me han desobedecido y están penando sus faltas en el atelier del gran modisto Afrodisio, el que con la verga hace prodigios… Quiero oíros de nuevo, pío-pajaritos, alegradme la oreja…
Se oye de nuevo la voz del público que grita: “ESTOY MAL, PERO VOY BIEN: TE TENGO A TI”.
GORITO.— Queridos todos, llega el gran momento del sorteo. Muchos sois los que habéis pagado por participar en nuestra azarosa rifa, pero una sola será la persona zarandeada por la fortuna, que podrá agasajar a vuestro amado faro Gorito invitándole a ingerir los productos más excelsos de nuestra robusta tierruca en su casa… Y la persona agraciada es… (Gira la manivela del pequeño bombo que hay sobre la mesa.) …¡Liboria Grelos! Bueno, agraciada…, lo que se dice agraciada… no lo eres mucho, Liboria, porque a fuer de sinceridad tienes que admitir que tu belleza es ilícita, pero tu proverbial habilidad con los fogones hace que la suerte te sonría siempre. Amigos míos, ya es la decimosexta semana que nuestra pío-pajarita Liboria es bendecida con mi persona en su mesa… Y ¿por qué? Porque ella no es una subversiva vegana que reniega de carnes magras, tocinillos, butifarras, chorizos ensortijaos, morcillitas de gaznápiro… Ella sabe lo que es bueno y, con suma generosidad, lo comparte conmigo… Y por ello, Liboria Grelos se merece vuestra más firme adhesión…
Todos exclaman: “¡TE QUEREMOS, LIBORIA GRELOS!”.
GORITO.— Queridos míos, antes de dar paso a la confesión pública de vuestras faltas, quiero recordaros también que la próxima semana coronaremos como se merecen a nuestra Miss Avutarda y a nuestro Míster Marabú 2026 que, como bien sabéis, este año ha recaído sobre nuestra bienquista pío-doctora Estibalda Rebotillo, entrada en años y en carnes, cuyas guedejas quedarán ceñidas por la augusta diadema real; y también sobre nuestro docto pío-arquitecto Menegildo Cucharón, a quien sacaremos por un día de su dorado retiro en la residencia El Nido Postrero para adornar su honrada y pelona cabeza con su correspondiente corona. Ambos adminículos son obra de nuestro pío-diseñador Afrodisio, quien con su cimborrio lo mismo hace coronas que organiza bodorrios. Dichos cetros les serán ceñidos por la única famosa que ha dado al mundo nuestra tierruca hasta el momento, la encantadora Quinita Rufa Fafo, aquí de cuerpo presente. ¡Ay, qué recuerdos! Aún no era yo pupilo de don Aristo, cuando ella ya enseñaba sus pechos en las revistas patrias… ¡No, ahora no, Quinita! ¡Un poco de recato, que hay criaturas! Y bien, ¿a qué esperáis? Estibalda, Menegildo y Quinita ansían pletóricos vuestro enfebrecido afecto…
(Todos exclaman: “¡TE QUEREMOS, ESTIBALDA REBOTILLO!”, “TE QUEREMOS, MENEGILDO CUCHARÓN!”, “TE QUEREMOS, QUINITA RUFA FAFO!”.
GORITO.— Ahora sí, nos vamos a centrar en la confesión pública de nuestras faltas. Yo soy el más pecador de todos, pero también el más arrepentido. Y por eso comprendo vuestros yerros y gusto de oírlos… ¿Quién empieza hoy? (Una persona levanta la mano.) ¡Sempronia! ¿Higinio? ¡Ay, es verdad! Perdona, pero es que no me hago al cambio. De todas formas, creo que deberías ir acostumbrándote a cambiar la voz, Sempronia, digo Higinio, porque de lo contrario van a pensar que eres mariquita. No sé, prueba a hacer como los tenores de ópera, abre mucho la boca y tuerce el gesto como si estuvieras estreñida. ¡Estreñido, perdón! ¡Qué lío! Mira, llamarte Higinio no me cuesta tanto como hablarte en masculino. No sé, chica, son muchos años de confidencias para que de la noche a la mañana me adapte a un cambio tan radical. ¡Ah, varía también de perfume! Cámbiate a algo más masculino, por ejemplo, “Varón Dandy Parera”, que eso imprime carácter. Y además, tiene envase de litro y sale más rentable. Bueno, bueno, vamos a escuchar a otro, que tú ya tienes lo tuyo… Pero antes demostremos nuestro cariño a nuestra pío-pajarita… Perdón, a nuestro pío-pajarito…
Todos corean: “¡TE QUEREMOS, SEMPRONIA”.
GORITO.— ¡No, no, no, no…!
Todos rectifican: “¡TE QUEREMOS, HIGINIO”.
GORITO.— ¡Bien! Aquí tenemos a nuestro pío-pajarito Úrsulo Melitón, que está deprimido y con razón. A mí, si mi mujer —si la tuviera, que no la tengo porque soy casado con todos vosotros— si mi mujer, repito, me dice de la noche a la mañana que se mete de payasa en un circo, me doy un atracón de polvo de Cola-Cao. ¡De payasa! Si al menos hubiera sido de domadora de gorrinos bercianos o algo más sofisticado… de tragafacas gineteras… o de lanzadora de botillos…. ¡Animemos todos a nuestro pío-pajarito Úrsulo Melitón!
Todos gritan: “¡TE QUEREMOS, ÚRSULO MELITÓN!”.
GORITO.— ¡Ah, Evelio! Tú que elevas tu brazo a las alturas… ¡Oh! Veo, que en tu dedo anular luces un bello pedrusco… Es el momento entonces de practicar el desapego. ¡Que cada uno se despoje de lo más preciado que lleve consigo y lo arroje a este canasto que aquí os paso! ¡Al canasto todo lo baladí, todo lo material! ¿Qué somos? ¿Somos acaso chusma adoradora del becerro del oro? ¡NOOOO! ¡Somos espíritus, somos polvo en el viento, aire en el aire, agua en el agua, moscas en la mierda…! Me conmueve vuestra generosidad. Acercad aquí el canasto y la cesta… (Gimoteando.) ¡Oh, con cuánto ardor me hacéis sentir pequeño ante vuestra grandeza de corazón! Vuestro será el Nido del Gran Emplumado… Me vais a perdonar, pero no puedo seguir… (Coge el cestillo y el canasto con cada mano.) Necesito depurarme de tanta materialidad, voy a quemar todos estos putejos que me habéis entregado y que mancillan mis manos como antes embrutecieron vuestro espíritu… Disculpad que no pueda realizar el saludo del pajarito, pero tengo las manos ocupadas… Aunque mis oídos precisan de vuestro ardor… Mientras, Úrsulo Melitón recogerá lo obtenido por el merchandising… ¡Así te animas un poco, hombre!
Se oye reiteradamente la voz del público que grita: “ESTOY MAL, PERO VOY BIEN: TE TENGO A TI”. Mientras tanto, Gorito, cargado con los cestos, realiza su mutis con saltitos de pájaro y rostro feliz.
OSCURO


Deja un comentario