
Tina de Luis
Me contaron del otoño, me inquietaron:
de ocasos, de vejez, de cenizas, de asperezas,
de frío y viento, de sombra y bruma.
Infaustas notas lo tildaron sin clemencia.
Se acordó Manuel Machado en dicha época
de historias tristes, sin poesía…
Extraño parecer, pues el otoño inspira eternas trovas.
Hoy una mano de congoja llena de otoño el horizonte.
Y hasta de mi alma—el de Neruda—, caen hojas.
Caen despojadas frondas, sí, pero los árboles siguen
erguidos, afrontando con orgullo el tiempo ingrato.
Aunque desnudos, volverán a revestirse de paisaje afable.
Miguel Hernández se lamenta: Todo es crepúsculo…
…otro otoño triste ha llegado sin ti.
Y así versa Octavio Paz en singular anhelo:
Busco unas manos, una presencia, un cuerpo…
… un roce, un son, un giro…
Y quien lo halla… ¿puede recibir mejor ofrenda?
Si hay labios que sueñan labios, y manos que sueñan pájaros…,
hay corazones que sueñan, llenos de encanto.
Aún transitan nuestras ansias por las venas.
Carmen Conde concluyó: se deshizo el otoño de sus plumas,
y yo digo que es posible alzar el vuelo con el alma.
El otoño fue remate en mi consciencia. No es verdad,
no todo acaba. Juana de Ibarbourou se sincera:
Nuestro idilio comenzó en un otoño.
Y él siempre me ponía violetas en las trenzas.
Tan lejanos concebía los confines que asumí juicios,
confié en letras. Postura ingenua. Cada mortal
experimenta y aprehende a su manera.
Con llaneza, Gloria Fuertes se descubre: En el otoño
pliso los visillos, estoy como una cabra en primavera.
Gloriosa libertad expresarse sin barreras. Mas, por hablar,
cuánto ajeno a tal edad nos lo cuenta cual versado.
No siempre expone su sentencia del otoño el otoñal;
Incauto, se lo permite aquel que excluye a tientas.
¿Puede cantar al amor quien no lo entiende?
¿Y describir allende el mar quien nunca lo cruzara?
Triste lienzo me pintaron de una estación tan rimada,
la extirpé de mis quimeras, la temí, la relegué…
Ahora, desde la cima misma de la escala, discrepo.
Comparto, en esta aserción, los ánimos de Darío:
¡Aún hay promesas de placeres en los mañanas!
Salgamos a buscarlas mirando hacia delante por
la alameda dorada que Machado nos franquea.
Retorna el fogoso amor en etapa de demérito arbitrario,
cuya suntuosa cola aún brilla hacia el oeste,
nos precisa Ángel González en su estrofa.
Por favor, no conviertas el otoño en decadencia:
es ópalo y es granada, ímpetu y calma.
El otoño enciende, el otoño aplaca. Gozad
del sol —como Darío—, de la pagana luz de sus fuegos.
Al otoño, Margarita Carreras da sentido:
No eres fin, sino pausa dorada, el corazón se aquieta
para escuchar su propio latido, en palpitar que no cesa.
Como ella, yo no pujo por finales ni vacíos,
reivindico un otoño de vivencias plenas,
de renovación, vendimia y sementera.
Juan Ramón Jiménez, con mesura, muestra su afecto a la tierra:
…la sencilla mano abierta dejaba la semilla en su entraña…
Y hace nacer las formas embriagadas, prosigue Octavio Paz.
¡Cuánta belleza suelta!
Me seduce Lugones, cuando afirma:
La… rosa… es más hermosa cuanto más tardía.
Incluso de bosque de oro y duradero habla Brines con acierto.
¿No es muy coquetón el otoño de M. Elena Walsh, ese gran
señor que colorea? También es pintor… y del bolsillo
de su pantalón saca un incendio color de limón.
Dicen que el señor tiene en el cielo un enorme taller
donde hará caramelos de azúcar del atardecer.
Poemas entusiastas, como este, se crearon y perduran.
Yo extrapolo, pues elijo un muestrario de lo hermoso.
Rubén Darío proclama: No obstante, la vida es bella,
lavemos bien de nuestra veste la amarga prosa,
aún siente nuestra lengua el gusto de la manzana.
Apartad el temor que os hiela y que os restringe.
De esa forma gratifico al sentimiento y me complazco,
así me lo pide el corazón y así lo quiero.
Tal vez antaño vistiera el otoño otras prendas.
O quizá se anticiparan consecuencias.
Y acabo —¿o es comienzo?—, con los versos sabios
de J. Ramón Jiménez, donde el Otoño … se lleva al infinito el pensamiento. ¡Encantamiento de oro! …en que el cuerpo,
hecho alma, se enternece, echado en el verdor de una colina!
La vida se desnuda y resplandece…
Yo lo emulo, me desnudo de aflicción y pesimismo.
Acentúo este periodo y sus cadencias. Me arrellano
en el remanso que, aun nostálgico, se renueva y entreteje.
El invierno aún queda largo, tras senda gentil y complaciente.



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