

Fernando Martín Pescador
Interino, Octavio Gómez Milián, Los libros del gato negro, 2025.
Year Book, Seth Rogen, Sphere, 2021.
Me fascinan las biografías y los libros de memorias. Me derriten las autobiografías. La biografía es el género literario más antiguo y tuvo que aparecer ya alrededor de la hoguera, en las primeras tradiciones orales, cuando, antes de dormir se repasaba lo que se había hecho ese día o se recordaban las gestas de algunos miembros de la tribu. No hay héroes hasta que no nace el narrador que cuenta sus historias. Por eso, la literatura y el poder han crecido juntos, observándose el uno al otro, apoyándose, asesorándose, criticándose, censurándose, reprimiéndose…
Julio César se aseguró de contar su propia historia. San Mateo y San Juan se mencionaron a sí mismos en los evangelios que llevan sus nombres. Los tres, César y los evangelistas, hablan de sí mismos en tercera persona, como si, cuando todo ocurría, ellos, sencillamente, pasaban por allí. Me pregunto cómo habría narrado César, si eso hubiera sido posible, su propio magnicidio. ¿Habría recurrido, finalmente, a la primera persona?
Los dos primeros libros que he leído en 2026 han sido dos libros de memorias. Repararé rápidamente en las pocas similitudes que hay entre los dos libros: ambos autores escriben en primera persona, ambos tienen barba y gafas de pasta, ambos mencionan a sus parejas (Ana y Lauren, respectivamente) con un cariño infinito. Octavio nació en 1978 y Rogen en 1982, con lo que han compartido series de dibujos animados, estrenos de películas taquilleras, presidentes de los Estados Unidos… hechos e información que enmarcan a una generación. Ambos tienen una voz narrativa poderosísima (de hecho, creo que, junto a su desvergonzada simpatía ese es el mayor talento de Rogen, puesto que ni es un gran actor, ni un gran guionista, ni un gran comediante). Seth, si lees esto, no te ofendas. Aún puedes convencerme de lo contrario.
Conozco la mayor parte de los referentes de la vida de Seth Rogen gracias al cine y a la televisión: nacer y crecer en una familia judía, la cartografía física y humana de un instituto de secundaria en Norte América (Rogen es de Vancouver, Canadá), el consumo de marihuana, el ambiente de los clubes de comedia…
Los referentes de Octavio son un caso aparte. No solo los conozco. Prácticamente los he vivido. Cuando visito un lugar antiguo que está poco restaurado y sé que por allí pasó alguien importante, digamos Miguel de Cervantes, por ejemplo, me empeño en recorrer cada baldosín del lugar para poder decir que he pisado lugares que pisó el mismísimo Cervantes. Con diez años de diferencia, Octavio ha ido pisando cada uno de los baldosines de mi vida (parques, escuelas, barrios, calles, pueblos, amigos y familiares…). Y, gracias a su increíble memoria, he revivido muchos momentos de mi propia vida. Ahora ya sé quién se llevaba la única copia de la película del vídeo club que yo había pensado alquilar ese viernes. Octavio se me adelantaba siempre.
La narración de Rogen es puramente lineal y anglosajona. Es ordenada y, no cabe duda, es la que domina el espectro literario del siglo XXI. Es, también, la que yo practico con más frecuencia. La narración de Octavio es, sin embargo, circular, como lo podía ser la narración de Félix Romeo, pero acudiendo más a la coma que al punto. La narración de Octavio es circular y oriental, como si Octavio hubiera nacido a las orillas del Ganges en vez de a las orillas del Ebro.
Octavio Gómez Milián explora un concepto tan contradictorio como es el de la figura del interino, que, en la mayor parte del mundo conserva su significado original (del latín interim, que significa “mientras tanto”, como algo temporal). Sin embargo, en España hay personas cuyo mientras tanto dura toda su vida laboral. Octavio amplía el concepto de interino a otras facetas de nuestras vidas.
El jurado de la segunda edición de los Premios de la Crítica en Aragón, auspiciados por la Plataforma de Poetas por Teruel, ha elegido como mejor libro de prosa en Aragón publicado en 2025 el libro Interino de Octavio Gómez Milián por «una narración íntima y personal a la manera de unas memorias o falso diario. Un libro trabajado y contundente». Desde La torre del ojo, queremos felicitar a Octavio por el galardón y por su magnífico libro.




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