
Fernando Martín Pescador
La torre del ojo aspira a ser universal. En apenas seis números, en nuestras páginas hemos recogido voces de muchos rincones de España (Andalucía, Aragón, Castilla la Mancha, Castilla León, Extremadura, Madrid…) y de otros países (Argentina, Brasil, Chile, Inglaterra, Paraguay, Siria…); hemos publicado, además, textos en alemán, aragonés, catalán e inglés. Nuestro propósito es seguir abriendo fronteras en el tiempo y en el espacio.
Eso no impide que alguno de nuestros números se concentre en un territorio específico de nuestro planeta y el número de marzo está rebosante de Teruel. Ya en números anteriores, participaron en La torre del ojo un calamochino y una descendiente (bisnieta) de Alacón. En este número, tenemos a un escritor de Villafranca del Campo y a otro de Monreal del Campo; tenemos a un escritor de Teruel capital; tenemos a otro cuya abuela paterna era de Aliaga; otro cuyos abuelos maternos eran de Alacón y un servidor, cuya madre es de Castejón de Tornos y cuyo padre era de Lechago. Podemos decir que, en La torre del ojo, Teruel existe.
Eduardo Torrico, el ilustrador de este número, no es de Teruel, pero, en su momento, dibujó la torre de la iglesia de Lechago. Eduardo, valdemoreño, es uno de mis ilustradores favoritos y hemos colaborado ya en múltiples ocasiones. Nos regala escenas post-apocalípticas a la manera del final del Planeta de los simios, pero, en mi opinión, a veces sin darse cuenta, siempre ofrece un brote de verde esperanza ante lo que está por venir. Gracias, amigo, por embellecer el número de marzo de nuestra revista.



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