
Eduardo Torrico
Muchos de los que conocen mi trabajo saben que los mundos distópicos están presentes en gran parte de mi obra. Pero, he aquí la controversia, ya no son utopías. Al menos no todas: inundaciones, seísmos, glaciaciones, desertización, ya se han convertido en algo habitual en los últimos años y lo que antes se consideraba anecdótico es ahora casi rutinario. Con esto quiero decir que la naturaleza nos ha pasado por encima sin poner el intermitente y que parece que, vuelta a vuelta, nos empieza a sacar cada vez más ventaja.
Pocos son los responsables de gobernar en los países más prósperos del planeta que intentan poner alguna medida en marcha que consiga aminorar el cambio climático. En todo caso se intenta descargar la responsabilidad sobre los hombros de los ciudadanos de a pie. Primero se nos quiere convencer de que seamos respetuosos con el planeta usando energías limpias. O sea, que compremos vehículos eléctricos para no contaminar, mientras que no dejan de volar aviones, ni dejan de contaminar los autobuses de transporte público, ni los grandes barcos de transporte, ni se invierte lo suficiente en reciclar los desechos, etc.
Pero es muy importante que las grandes empresas de automóviles sigan fabricando motores de combustión, ya que los empresarios multimillonarios son inmunes a los evidentes cambios del clima del planeta y en su ética no se incluye el respeto por las generaciones que nos suplantaran.
Luego están los negacionistas, por lo general descerebrados, que niegan todo lo que no contribuye a su comodidad y, por supuesto, que no les deje beneficios. Ahora, para mi pesar, hay un ramillete de líderes, tanto nacionales como internacionales, que van todos a una contra todo tipo de medidas que aboguen por la lucha contra el cambio climático.
Ahora, después de dejar clara mi posición, diré que la pintura ha sido para mí algo tan importante que me ha ayudado a seguir adelante en momentos complicados. Pero, aunque pueda parecer que se trata de lo mismo, el dibujo es mi verdadera pasión. Las líneas de tinta que se entrelazan sobre fondos preparados, o sobre una hoja en blanco, o los lapiceros de color sobre cartulina negra, es lo más parecido que puede haber a sentirse realizado.
He conseguido manejar el programa Paint y, con algunas clases de los más jóvenes, puedo hacer ilustraciones digitales y fotomontajes, que, aunque son obras terminadas, su primera función fue la de servir de bocetos para obras sobre tabla o papel.
Y nada más. Espero que os gusten mis ilustraciones. Gracias.



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