
Adolfo Mejía es el músico más destacado de Colombia. Fue compositor y docente.
La escultura está emplazada en la plaza de San Diego, en el centro histórico de Cartagena de Indias.
Fernando Martín Pescador
Cartagena de Indias es una de mis ciudades favoritas. Caminar por el Centro Histórico es transportarse a diferentes momentos de la historia de la ciudad. Dentro de este Centro Histórico, la plaza de San Diego, no muy lejos del antiguo claustro de Santa Clara y de la casa que perteneció a Gabriel García Márquez, presenta un ambiente bohemio, con mercadillos de artesanías locales y una gran oferta gastronómica. Cuando llegamos a la plaza de San Diego, delante de la Escuela de Bellas Artes de Bolívar (Unibac), nos encontramos con la estatua de un guitarrista, el maestro Adolfo Mejía. Se trata de una escultura de bronce de alrededor de doscientos kilos, cuyo autor, Hernando Pereira nos recibe hoy para caminar con nosotros por la ciudad en la que reside.
No es esta la única obra que Hernando Pereira ha creado para embellecer los espacios públicos. En Cartagena, tiene también su famoso homenaje a las palenqueras, La palenquera, y la escultura Hombre y energía; en Mompox, también en el departamento de Bolívar, tiene la escultura del Cóndor del bicentenario; en San Jacinto, tiene el busto del Padre Javier Cirujano Arjona y en Lorica, en el departamento de Córdoba, la estatua de un águila.
Cuando hablamos con Hernando de su obra, aprovecha para hablarnos los lugares hermosos que podemos encontrar en Colombia.
¿De dónde viene Hernando Pereira?
Mi padre era ganadero, exportador de tabaco… se amplió bastante en sus negocios. Ocupó cargos políticos como diputado, secretarías a nivel departamental. Varias veces fue diputado, unas tres veces. Y yo desde muy pequeño recibí el apoyo de él para estudiar arte. O sea, tuve instructores desde pequeñito. Y después, ya aquí en Cartagena, entré a una escuela de niños que se llamaba Fine Arts. De niños y adultos. Y luego ingresé a Bellas Artes, que era escuela. Cuando yo estaba en el colegio, yo salía del colegio en la tarde e ingresaba a Bellas Artes hasta la noche. O sea, cuando terminé el bachillerato a los 17 años ya yo había estudiado en Bellas Artes. Dos, tres años. Yo pasaba pintando y dibujando. Entonces me fui a estudiar a Bogotá.
Háblanos de tu época en Bogotá.
Me fui a estudiar a la Universidad Javeriana, que es una universidad de mucha tradición internacional. Y me fui a estudiar con David Manzur (pintor colombiano de origen libanés; nacido en 1929), que es un maestro muy reconocido. Es de los principales artistas del país. Está entre los mejores. Entonces él tenía una academia y la dividía en niveles y yo estuve allí cinco años, participando de todos los niveles. Me gradué en Bogotá, en Arte Publicitario, que es una carrera que se abre hacia las artes y hacia la publicidad. Tú puedes hacer un video arte o un video comercial; fotografía artística o fotografía comercial; dibujo artístico, ilustraciones… Puedes manejarte en ambas canchas del arte. Y me quedé viviendo en Bogotá. Me vinculé a las universidades, dictaba algunas clases. Estuve en Bogotá 18 años. Allí tuve mi taller. Siempre estuve desarrollando varias artes: pintaba, dibujaba, me interesaba siempre la fotografía, la escultura… Incluso en Bogotá incursioné mucho en la serigrafía artística. Participé en exposiciones internacionales…
De hecho, fuiste premiado como ganador del Primer Seminario de la Serigrafía en Colombia, patrocinado por la casa Screen y la ZBF Suiza. ¿Por qué regresaste a Cartagena?
Bueno, Bogotá estaba creciendo mucho, ya era una ciudad muy grande, de traslados muy lentos. Y entonces me fui interesando de pronto en Cartagena porque me quedaba más cómodo, por la familia.Y acá monté mi taller. Y acá empecé a utilizar mucho la fundición. Y a dirigir mis fundiciones. Y a incursionar en la fundición porque la técnica de fundición estaba bastante descuidada en Colombia, en general, y, en Cartagena, estaba prácticamente apenas comenzando.O sea, para hablarte un poco de la historia de la fundición acá: en 1974 se hace la primera fundición artística en Cartagena. Se trataba de una escultura de cierto tamaño, ahuecada, que fue la India Catalina. Y la hizo un español, Eladio Gil Zambrana, y un fundidor de Medellín. Es decir, que la cultura de la fundición aquí en Cartagena no existía hasta el 74. Sí, la había, pero no tenía… había muchos fundidores que fundían piezas simétricas.Porque la gente recurría mucho a utilizar repuestos, cosas útiles, adornos. Pero no conocían el ahuecado de una escultura. Y ahí, con esa escuela que llegó, entonces, se empezó a desarrollar la escultura. Eladio hizo también los Pegasos, que puedes ir a ver allí en la San Martín. En un momento dado, Eladio fue profesor mío.
¿Por qué te llamó la atención la fundición?
Pues realmente, cuando uno hace una escultura en arcilla, no en plastilina, que es la que trabajo ahora, eso es un medio temporal que conduce a un medio permanente que es el bronce. Porque si tú utilizas un medio ya como el yeso, también sigue siendo un medio temporal. O si utilizas resinas, también viene siendo, en cierta forma, temporal. El permanente es el bronce. Y el bronce, digamos, ante este clima, es la mejor opción.El hierro aquí oxida mucho; el aluminio no tiene buena vida tampoco. Entonces el bronce sí, tiene un envejecimiento muy bonito acá. Se oscurece, le dicen el bronceado.
¿Empiezas a trabajar y empiezan a venirte encargos?
Me vienen encargos, clientes… al principio pasaba entre Bogotá y Cartagena. Venía, me regresaba, hasta que ya me establecí del todo en Cartagena. Y empecé a trabajar mucho en escultura, a pintar, y así es como estoy hasta el momento, haciendo esas actividades.
Has tenido muchos encargos privados, pero, de alguna forma, tal vez por los años que llevas en Cartagena, tu obra se ha vinculado mucho con la ciudad. De hecho hay varias obras tuyas en espacio público.
En cuanto a los encargos privados, sí, mucha gente industrial me ha encargado privados. Incluso dentro de la Bienal de Artes de 2014, aquí en Cartagena, hubo un paralelo con una exposición internacional que se llamaba Las otras Meninas, en la que participaba Women Together y otras empresas. La exposición tuvo lugar en el Museo Histórico, el que, en su momento, fue el Palacio de la Inquisición. Yo participé con una menina que se tituló Menina triétnica. Estaba elaborada con mármol de Carrara, bronce y metal negro (aluminio patinado). Representa la raza blanca, la indígena cobriza con el bronce y la raza negra. Había un industrial que estaba buscando comprarla, y después me enteré que era de los mayores industriales de aquí.Pero las obras privadas siempre quedan en propiedad de la persona que las compró. No están visibles al público. Las obras del espacio público, por ejemplo, La palenquera, estaba en la entrada de Bocagrande, pero, tras ser restaurado, fue trasladada al centro histórico.Como anécdota, te cuento que las frutas eran una sola masa de frutas unidas entre sí, y se las robaron al día siguiente de inaugurar. Digamos que aquí hay una cultura de reciclar, pero que abarca también el robo. El bronce es muy apetecido porque tiene muy alto costo. Entonces le robaron las frutas. La noticia fue un poco como pintoresca. Entonces las entrevistas me llegaron por todos lados.Cada ratito salía en las entrevistas que se habían robado las frutas, que es como, se robaron las frutas a la palenquera.
Estás hablando de tu estatua La palenquera. Las palenqueras son un símbolo de la ciudad de Cartagena, posiblemente, las vendedoras de frutas más fotografiadas del mundo. Tendrás que hablarnos de Palenque, para todos los que no somos de aquí.
De pronto, la gente no sabe en otros países que la palenquera es una persona que vende frutas, pero el nombre viene del pueblo de donde ellos vienen. Los palenques acá eran territorios que se liberaron de España en tiempos muy anteriores al país. Por ejemplo, en 1610 ya Palenque era un pueblo independiente y libre. No podían contra ellos porque, si iban a buscarlos, no estaban allí. Si iban, siempre recibían emboscadas. Entonces los declaraban de territorios libres. Entonces se armaban los palenques, que eran africanos independientes. Allí cultivaban, vivían, e incluso venían a hacer trueque aquí a la ciudad. Eran temerarios cuando llegaban acá con machetes a intercambiar productos. Llevaban la costumbre africana de llevar las frutas en la cabeza. Ellas siempre lo hicieron. Siempre llevaban el agua, las frutas…Siempre han vendido las frutas, el pescado, dulces… A la palenquera, el volumen de su cuerpo se lo da el peso: como que la función hace el órgano. Porque las vendedoras de dulces son delgadas, porque tienen una bandeja pequeña, plástica y pequeñita, y las dulces no pesan. En cambio las que venden frutas, pueden con más de cien kilos de frutas. Entonces esa es tradicional. Cuando yo estaba haciendo la palenquera, te cuento una anécdota. Yo estaba con el fundidor que más experiencia tiene, y él me estaba incumpliendo. Entonces yo fui donde otros fundidores. Como ya yo había estudiado un poco de fundición en Bogotá, y con maestros privados, entonces yo les iba diciendo a los otros qué tenían que hacer, porque no sabían. Y a este fundidor también le explicaba, le daba soluciones, para mayor detalle. Y entonces yo le dije que estaba haciendo piezas en otro lado, como si fuera un Frankenstein, para armarlas. En un momento dado, me confesó que se había atrasado porque nunca había hecho una escultura tan grande. Tienes que entender que la escultura está hecha en bronce y mide 2.60 metros.O sea, aquí no se había hecho una escultura grande, y, de pronto, esa fue una de las más grandes. Los fundidores de Cartagena se remontan a la época en la que fundían los cañones que habían quedado tras la Guerra de la Independencia. Los fundían y hacían cosas decorativas: forjas, cabeceros de cama, cabeceros de cama, tocadores de puertas (aldabas), que son muy tradicionales aquí en Cartagena y tienen su simbología, celosías de bronce, ollas de bronce para hacer los dulces. Porque las ollas de aluminio, muchas veces, los dulces no son como el agua. El agua llega a 100 grados y ahí se mantiene, pero el dulce alcanza temperaturas muy elevadas y se puede derretir el aluminio. Entonces hacían calderos, ollas en aluminio, y en bronce. Entonces había una tradición de fundición. Me cuentan ellos que ellos dirigían en los patios porque no había electricidad. Era una época que, por ejemplo, a finales de, por ahí en 1890, no había electricidad. Entonces dirigían la brisa con paneles y utilizaban carbón mineral para la fundición. Entonces fundían, eran expertos fundidores, pero les faltaba la técnica del molde. Hacían el molde con arena. Metían la arena en una caja y la fuerza de pisarla la aglutinaba.La primera escultura que hicieron, allá en 1950, era maciza. Una escultura nunca se hace maciza porque tiene mil problemas. Pesa mucho, a veces se encoge. Tiene que ser es hueca. Pero la primera escultura la hizo Antonio Cano y la hizo maciza. Eso demuestra el desconocimiento de la técnica que había. Porque la primera escultura la hicieron en 1922, pero la hicieron en Roma. Un colombiano, Marco Tobón Mejía y Antonio Cano. Ellos están en la historia de la escultura de acá en Colombia.
Otra de tus obras insignia es la del maestro Adolfo Mejía, en la plaza de San Diego.
Adolfo Mejía es un personaje muy importante, un músico de muy alto nivel, dominado de la música, digamos, culta o clásica, y gran compositor. Está en los libros internacionales de la música clásica.
¿Lo llegaste a conocer o murió antes?
Murió de pronto y no lo conocí. Me habría encantado. Era una persona muy de sus amigos, muy informal, y muy trabajador; y muchas veces utilizó los ritmos populares, pero al nivel de la música clásica, al nivel de tocar con todos los instrumentos. Era un gran conocedor de las partituras. Cuando un alumno tocaba algo, él se lo escribía al mismo tiempo, y se lo entregaba; y le decía «tú has escrito y tocaste esto.»
Creaste también el Cóndor del bicentenario que se encuentra en Mompox.
Mompox es una ciudad muy parecida a Cartagena, pero más pequeña. Es muy tradicional, tiene la misma antigüedad de Cartagena, y tiene muchos edificios iguales. Tiene muchas casas parecidas, porque muchos arquitectos de aquí trabajaron allá. En Cartagena había piratería y muchas familias tradicionales preferían estar de pronto en Mompox, más protegidos. Mompox se fundó a la orilla del río Magdalena, pero después de muchos años, acabó en una isla dentro del río. Ahora se llega en ferry. Se encuentra en una isla fluvial. Es un lugar muy hermoso. Ahora hay un festival de jazz.
Y tienes un busto de Gabriel García Márquez en Turquía.
En realidad, son dos. En Ankara, aprobaron la creación de un parque con el nombre de García Márquez. García Márquez es muy leído allá. Recibí, entonces dos encargos: uno para la Embajada de Colombia en Turquía, que es pequeña, y otra, un busto de un metro de alto, para el parque Gabriel García Márquez. El busto ya está en la Embajada en Ancara. La instalación del busto grande en el parque tuvo que ser pospuesta debido a la pandemia de 2020 y, más tarde, por el cambio del embajador. Estas cosas van muy despacio, pero tengo esperanzas de que este tema se retome en un futuro próximo.
Háblame de tu obra pictórica.
Yo pinto y dibujo, y una combinación entre los dos es el pastel. Pero, como este clima no es muy benigno con el papel, entonces como recurso, empecé a utilizar el pastel sobre tela. Y me ingenié para poderlo fijar a la tela. Entonces, para poderlo fijar a la tela, lo hice como una técnica mixta con el óleo. He estado trabajando en esa técnica. Y más que todo, mi fuerza son los desnudos. El desnudo femenino es lo que más trabajo.
Me gustó la historia de la lápida que ahora está a la entrada de Bellas Artes.
Es una historia fascinante. Se trata de la lápida de Jorge Fernández Gramajo. Fue el comerciante más relevante del puerto de Cartagena de Indias a principios del siglo XVII. Era un mercader portugués tratante de esclavos. Figura enviando remesas de plata y oro a Sevilla y fue uno de los defensores de Cartagena ante los ataques del corsario Francis Drake en 1595. Fue alcalde de Cartagena en 1603. Tuvo problemas con la ley por contrabandista allá para el 1610, pero, cuando salió libre se dedicó a hacer donaciones benéficas. Él fue que pagó los gastos de construcción del monasterio de San Diego de los franciscanos descalzos Era una forma de quitarse de encima a la Inquisición. Murió en 1626 y en su testamento pidió ser enterrado en el convento de San Diego que él mismo había fundado, sepultado bajo la lápida que estaba al pie de la grada que sube al altar mayor. Así pues, esa lápida había sido de Bellas Artes. Y la idea era que volviera. Porque había estado allí, en lo que anteriormente era la iglesia. Alguien decidió llevársela. Para ello, como era muy grande y pesada, de unas tres toneladas, tuvieron que partirla en dos. Tras arduas búsquedas, la universidad consiguió información sobre el paradero de la lápida y me pidieron el favor de que fuera a través de una expedición donde decían que estaba. Me la encontré semienterrada; la desenterré, vi unos fragmentos y corroboré que, efectivamente, era la lápida; la trajimos de vuelta con una grúa. Pedí permiso para limpiarla. La gente que se ocupa de la restauración me autorizó a hacer una limpieza manual con trapos de algodón y agua. Así que se trata de una de las lápidas más antiguas que se conservan de la época colonial.
En 2018, con la vista del Papa a Colombia, como parte de tu obra, diseñaste unas monedas conmemorativas.
En los museos veo muchas monedas y veo que las hacen los mismos artistas que están en la ciudad haciendo la escultura. ¿A quién le pueden encargar una fundición que tiene un retrato, si no a un artista? Porque se trata de un trabajo Me ofrecí a hacer monedas conmemorativas para Bellas artes y ya tenía cierta experiencia. Cuando iba a venir el Papa Francisco a Cartagena, el obispo se interesó y elaboré una moneda de plata con el perfil del Papa y una imagen de la catedral. Son monedas conmemorativas, pero, más bien, son medallones.
Has dedicado gran parte de su vida a la docencia: dictaste cátedra en la Universidad Jorge Tadeo Lozano y en la Fundación CIDCA de Bogotá; en Cartagena, en la Universidad Rafael Núñez y, en la Escuela Superior de Bellas Artes de Cartagena, fuiste Director de Programa (decano) de la Facultad de Artes Plásticas durante 16 años, y Director del Programa de Convenios con la Universidad del Atlántico y la Universidad Distrital de Bogotá. Durante seis años fuiste maestro de serigrafía en tu propio taller. ¿Disfrutaste tu experiencia docente?
Sí, más que todo, el contacto con los alumnos y la posibilidad de enseñarle a alguien todo lo que he ido aprendiendo durante toda mi vida. Pero siempre he procurado no estar en la universidad más de ocho horas semanales. Siempre he preferido que fuera algo que no me ocupara todo el día, porque las actividades se pueden paralizar. Pero, sí, la docencia, sobre todo la del arte, es una experiencia muy agradable. Dejé mi cátedra en 2023. Fui decano dos años. Durante dieciocho años, representé al Presidente de la República ante los Consejos Directivos Universitarios. Todas experiencias me reportaron muchas satisfacciones.
¿Crees que los jóvenes colombianos tienen cosas que ofrecer a su país y al mundo?
En Colombia hay mucho talento en la música, en las artes Sí, en todas las artes, en música, en teatro, en fin. Literatura. Hay mucha gente trabajando en el arte. En la música tú puedes ver la cantidad de folklore original que sale de acá.Es impresionante la cantidad de ritmos que han nacido acá: Cumbias, vallenatos, merengues, salsa, porque paralelo a Cuba y a otros países llegó también acá al mismo tiempo la herencia de la música. Por ejemplo, de los negros y de los indígenas.Por ejemplo, en San Jacinto está la gaita, que es solamente de allá, de ese pueblo. Y ha ganado premios, grandes incluso. Entonces, así pasa con las artes, que hay mucha gente digamos que se destaca.Mira Botero, que es el artista actualmente más cotizado en el mundo económicamente.
¿Tú crees que una de las razones importantes es esa presencia mestiza, de ese mestizaje que supone Colombia, de al menos tres culturas?
Sí, todo eso influye mucho en que de pronto se forme una creatividad diferente, porque la gente mira que hay algo diferente acá, como a veces piensa que es como lo exótico. Pero realmente eso es lo diferente a la producción artística de otros países que tienen una tradición muy grande. Acá comienza desde un punto de partida muy diferente. Sí, es muy original. Y hay mucha gente trabajando y realmente de pronto le da oportunidad de vivir sin violencia. Decían que la persona que agarra un pincel no agarra un fusil. Entonces hay de pronto una cultura que evita que la gente se vaya hacia la violencia o hacia las drogas o hacia muchas otras cosas y se encarrile a su creación.
¿Qué tienes entre manos en estos momentos?
Actualmente estoy dedicado a mis trabajos de arte en mi taller, donde tengo espacios para pintura y escultura, incluyendo maquinarias y ayudantes, según el trabajo. Hago contratos de esculturas para empresas y universidades. Dirijo mis fundiciones de metales.


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