
Fernando Martín Pescador
Over, Ramón Marrero Aristy, 1939.
Sería interesante valorar si es cierto. El caso es que, con frecuencia, se habla de que la mayoría de los escritores se inclinan ideológicamente hacia la izquierda. A lo largo del siglo XX, muchos, además, fueron militantes que cerraban filas en torno a gobiernos comunistas, a posiciones de izquierda radicales y lo hacían sin ejercer dos obligaciones, en mi opinión intrínsecas, del escritor: usar el pensamiento crítico y denunciar las injusticias del poder. Algunos iban más lejos y censuraban a otros escritores que, al margen de sus ideas políticas, sí que denunciaban las injusticias cometidas por gobiernos de izquierdas. Cualquier militancia acérrima, no solo política, puede nublar las capacidades literarias de un escritor.
Si estamos de acuerdo en que la militancia política puede limitar la calidad de tus producciones, tanto más podría hacerlo el hecho de que el escritor forme parte del mismo poder. O tal vez no. Citaremos solo algunos ejemplos de escritores, no muy lejanos en el tiempo, que han sido parte del ejecutivo de sus países. En España, Jorge Semprún fue ministro de Cultura (1988-1991) con el gobierno socialista de Felipe González. En Nicaragua, Sergio Ramírez fue ministro y vicepresidente (1979-1990) de su país. Su libro Adiós muchachos (1999) sigue siendo uno de mis favoritos. Su compatriota Ernesto Cardenal fue ministro de Cultura en Nicaragua entre 1979 y 1987. Curiosamente, Sergio Ramírez pasó a formar parte de la Real Academia Española heredando la letra «L» tras la muerte de Mario Vargas Llosa, escritor peruano-español-dominicano que pudo ser presidente de Perú. Perdió las elecciones a la presidencia en 1990 a favor de Alberto Fujimori. Winston Churchill ganó el premio Nobel de Literatura en 1953, ocho años después de haber derrotado a Hitler. El político inglés dominaba la escritura de forma magistral y todavía es de los escritores más citados en el Reino Unido. En Estados Unidos, Lew Wallace escribió gran parte de su libro Ben-Hur (1880) siendo gobernador de Nuevo México (1878-1881). Terminaremos este listado con J. D. Vance, actual vicepresidente de los Estados Unidos (2025-) con el gobierno de Donald Trump. Su novela Hillbilly, una elegía rural (Hillbilly Elegy, 2016) fue número uno en ventas según las listas del New York Times (2016-2017) y ha vendido, hasta la fecha, más de 1,6 millones de copias. En 2020, el director Ron Howard hizo una adaptación al cine de la novela que fue protagonizada por Glenn Close y Amy Adams. El 16 de junio de 2026, J. D. Vance publicó otro libro, Communion: Finding my Way Back to Faith (Comunión: Encontrando mi camino de regreso a la fe). Vance se paseó por todas las televisiones (las afines y las críticas con el gobierno) para promocionar el libro. Curiosamente, lo compaginó con sus negociaciones de paz al más alto nivel con Irán. Tuvo tiempo para ambos asuntos.
Rafael Leónidas Trujillo, dictador de República Dominicana (1930-1961) se nos presenta como un caso pintoresco. Siendo su gobierno una dictadura de derechas, reclutó a un buen número de escritores, historiadores y periodistas, muchos de izquierdas, para formar parte de su gobierno. Era una forma de tener al enemigo cerca. De comprar sus favores. A alguno de ellos, lo había arrestado y lo había torturado con anterioridad. Juan Bosch, uno de los mejores escritores dominicanos, lo tuvo claro y, usando una enfermedad como excusa, en 1938, escapó primero a Puerto Rico y luego se afincó en Cuba, en cuanto sospechó que Trujillo quería comprarlo con un puesto en el Congreso. Allí fundó el Partido Revolucionario Dominicano, el órgano opositor a Trujillo más activo, con el que llegó a ser presidente del país, aunque efímero, tras la muerte del dictador.
Ramón Marrero Aresty (1912-1959) nació en San Rafael del Yuma, provincia de La Altagracia (a menos de una hora en coche de Punta Cana), en el oriente de República Dominicana. Su familia era rica, pero se vio afectada por la invasión estadounidense (1916-1924) y vivieron exiliados en Colombia, Venezuela y las Antillas Holandesas durante unos nueve años. A su vuelta en 1922, no consiguieron recuperarse económicamente. Con 16 años, Ramón publicaba asiduamente en dos periódicos y trabajaba en una lavandería. Se fue a Santo Domingo a estudiar la carrera de periodismo, pero no llegó a terminarla. Publicaba en varios periódicos y llegó a dirigir uno de ellos, Babeque. Desde 1930 hasta 1940, Marrero Aresty perteneció a uno de los pocos grupos de resistencia clandestina contra Trujillo.
En las navidades de 1938, en una carta, Ramón escribió a Secundino Gil Morales, uno de sus amigos, luego destacado combatiente antitrujillista: «El mundo me da vuelta y nuevamente como que me viene encima. Siempre estos desagradables días de invierno empeoran mis males. Hay muchas razones: Nochebuena – léase calamidades, amarguras por escasez de dinero, el insulto de los que pueden haciendo alarde de su abundancia -, el airecillo este que invita a todo menos a la alegría; mi temperamento vagabundo, mi costumbre de andar para un lado y para otro, mi ausencia de capacidad para cazar dinero en cualquier forma.» Luego habla de su esposa enferma: «Mi mujer come mal, sigue flaca, no tiene aspecto de mejorar.»
En ese mismo año de 1938, Ramón Marrero Aristy había publicado su primera novela, Balsié, y en 1939 publicó Over, una novela brutal de denuncia ante los abusos de las compañías extranjeras que acaparaban el negocio de la caña de azúcar. En una primera persona muy afín a la de El ruido y la furia (1929) de Faulkner y en un tono muy similar al de De ratones y hombres (1937), de Steinbeck, Daniel Comprés, el protagonista de la novela se ve forzado a aceptar un trabajo como bodeguero en una de las aldeas que trabajan para la empresa azucarera. Con un salario paupérrimo, pronto se da cuenta de que, si es honrado con los pesajes que le pagan por los productos, la caja no le cuadra. Debe hacer trampas, cobrar de más (over, en inglés) a los pobres trabajadores para cuadrar la caja. Su esposa, como la de Ramón Marrero, está enferma y no existe el servicio de salud pública.
Over parece un libro premonitorio. El protagonista vende su alma al diablo por necesidad, pero la conciencia no le deja descansar tranquilo. En 1940, Ramón Marrero Aristy aceptó trabajar para el régimen de Trujillo. Miembro del Congreso Nacional, Marrero representó al Gobierno Dominicano en misiones diplomáticas y llegó a ser secretario de Estado de Trabajo. ¿Le carcomía la conciencia a Ramón Marrero Aristy como le ocurría a Daniel Comprés, el protagonista de su novela? Su relación con Trujillo, aunque muy próxima, nunca fue fácil. En 1957, en su posición de secretario de Estado de Trabajo, escribió un informe confidencial a Trujillo en el que denunciaba las pésimas condiciones laborales de los trabajadores de los cafetales. Imagino que serían muy similares a las de los cortadores de caña en su novela Over. Al dictador, dicho informe no le hizo mucha gracia.
El 12 de julio de 1959, el New York Times publicó un artículo firmado por Tad Szulc en el que se denunciaba la corrupción en el gobierno de Trujillo. El sátrapa acusó a Marrero de filtrar la información al periódico estadounidense. Cinco días después, Aristy fue encontrado carbonizado en su coche, junto al cuerpo de su chófer, en lo que pretendía ser un accidente de automóvil. Era firma de la casa L punto Trujillo, que utilizó la misma técnica con las hermanas Mirabal un año más tarde.
El 30 de mayo de 1961, el Chevrolet Bel Air de Trujillo sufrió una emboscada a las afueras de Santo Domingo. El dictador murió tiroteado. En 1963, el escritor Juan Bosch ganó las elecciones y se convirtió en presidente legítimo de República Dominicana. Tuvo que abandonar el poder siete meses más tarde debido a un golpe de estado militar. En 1966, Joaquín Balaguer, otro escritor reclutado por Trujillo para su gobierno, a pesar de denuncias de fraude electoral, tomó de nuevo la presidencia hasta 1978.



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