
María Cristóbal Sánchez
La oriental, exótica y enigmática, flota como incienso entre templos de bambú. La árabe, hipnótica y seductora, fluye entre las dunas del desierto. La pentatónica, serena y ancestral, vuela como el viento entre montañas. Las mayores, jubilosas y radiantes, descienden risueñas como un río dorado por el sol. Las menores, dolientes y melancólicas, ascienden en misteriosas espirales de nostalgia. Somos distintas, como distintas son las pieles, los acentos o las lenguas del mundo. Cada una aporta su modo y su alma. Vibramos juntas, resonamos libres, componiendo la banda sonora de nuestra existencia plural. Y todas somos Música.



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