
Daniel O. Polanco Valerio
1
Roca puntiaguda se yergue natural
formando el mausoleo del Cristo de la Libertad
climas errantes habitan allí, en espera de los piqueros
que la miran desde el valle de Lilís, es flagelación
su deseo al ponerse a merced de Su Majestad, la montaña ojival.
2
Voces en vendavales te han epitetado Everest
del Caribe, Kilimanjaro del Caribe, Aconcagua
Caribe… no importa, son nombres insignias de
respeto y devoción por lo que eres. Ser el mayor
templo mineral de las Antillas Mayores solo lo
insondable lo sabe.
3
A 3.087 metros tu piel sigue siendo verde y áspera, el
mal de altura se vuelve droga en su sangre…y el piquero
lo sabe. Es cuando el pensamiento se hace duda y se pregunta
si vale la pena el ascenso por la columna vertebral mineral.
Tu aliento humeante, es un espía y sigue a bípedos
de misceláneas costumbres que osan llegar a tus dominios
El gigante los mira de cerca, los confunde, el humo blanco
borra paisajes y trillos en sus propias narices, la montaña no se fía
de nadie porque está viva. Pero al mismo tiempo, el grito
senderista es canto que no la deja dormir.
4
─ ¡¿Qué es lo que somos?!
─ ¡Somos piqueros, eso es lo que somos!
En su andar tejen sus pasos mientras trona
el eco en los valles…
─ ¡¿Qué es lo que somos?!
─ ¡Somos piqueros, eso es lo que somos!
El templo de roca se regocija en la resiliencia
de su grito e insta que le muestre su alma
Pues ella se abre y le revela lo más abisal de
Su mundo: el mar de humo, que sumerge
copas de pinos en un abismo infinito,
copulación vegetal que inventa la forma en
miles especies, el canto, que viene del ave
invisible, el pajonal, que camufla al puerco cimarrón,
el cuervo, que hace nido en su graznido azabache, el helecho,
que es arcoíris vegetal en sus hojas; el agua, es
sangre gélida y se deja ver como vena abierta bajando
en sinfonía de una cumbre que piensa.
Uno de tras del otro caminamos sin fin y las horas
no vacilaban en perdernos bajo el sol o la luz de la luna,
sin inanición, comemos de un solo grano de maní y es
nutrición. Seguimos en fila sin ser aborígenes, mas
somos una culebra que zigzaguea valles y serranías hasta
encontrar la salida.
¡La montaña está viva!
Aun en los caídos y esqueletados árboles carbonizados por el rayo.
…y el senderista lo sabe, por eso siempre grita:
¿Qué es lo que somos?, ¡somos piqueros, eso es lo
que somos!
5
Compartición es el descanso hibernal del piquero,
hierve la sopa a su llegada bajo el sazón de los guías,
en un cielo que solo deja ver puntos luminosos, y una
aguada luna de hielo entre la neblina y, como luciérnagas
humanas, iluminábamos la ceguedad de la noche.
Próximas paradas: Macutico y Piedra del Aguacate,
pernoctaciones que tan solo se llega por la orientación
de mulas que siguen la constelación de Orión y el lucero
de Júpiter.
6
El sueño susurra y se hace pesadilla en el gigante de piedra.
Deshilachar su faldón buscando encontrar piedras preciosas
o trazar líneas de asfalto que rediseñarían para siempre su
vestimenta, es el deseo de los que no gritan en los senderos.
Cada alba el Pico levanta el sol con sus manos y, en el arrebol,
enciende la luz de su luna, es vigía de su naturaleza, y
aunque la montaña sabe cómo matar gente, ella, con
paz eterna, permanece sentada mirando al cielo en espera
de su destino.
7
Alto de la rosa…
contemplo las raras montañas calvas y
maroteando las guayabas vamos los piqueros
y, en el andar, gritan las amígdalas al masticar.
Sin complejos, los promontorios se nos revelan casi
sin pelo vegetal; nos siguen al compás hasta donde
lleguemos.
8
Templos, agarrados de mano, nos conversan
de sus ancestros y etnia mineral, seguimos
un trillo, camino zigzagueante que se vuelve
ancho, una culebra mítica ha dejado la huella
prehistórica de su arrastre y, tras las espaldas,
quedan las altas tierras de piel ocre y siena,
a pesar de verse a veces, relampagueantes
verduzcos que hacen vida en lo fértil.
9
Al paso recolectamos piedrecillas de colores que son
lágrimas de recuerdo que expulsa la nostalgia Cordillera.
Los cuervos nos escoltan y son ángeles negros,
el beneplácito de natura-leza.
10
Un cristal líquido se vislumbra a la vista, un cristal que
reposa y se nombra presa Sabaneta; sudor acumulado
que expulsan por venas las montañas al acompañar
al viajero, un cristal que es la meta de los piqueros.
Detrás, la perspectiva camufla azul atmosférico,
colores cuaternarios que hace un solo color en la cresta.
Cansancio es felicidad en el descenso de Sísifo.
¡Ya no hay montañas altas!
Sino la altura de nosotros los piqueros.



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