
While Living my Oblivion, Gustavo Gac-Artigas, Broken Bowl books, 2026
Edición bilingüe español/inglés – Tracucción al inglés de Priscilla Gac-Artigas.
Ana Ahijado
«Ya somos el olvido que seremos», reza el primer verso del famoso poema atribuido a Borges, ese verso que da nombre a la novela El olvido que seremos, de Héctor Abad Faciolince y que nos planta delante de ese vacío al que nos dirigimos, ese desierto en el que todo desaparecerá, incluido el lenguaje, incluidas esas palabras cuidadosamente escogidas que conforman nuestro universo poético, que no es otro que el universo en el que intentamos encontrar respuestas a las preguntas que nos acompañan de forma insistente a lo largo de nuestra vida. De esta forma, en este nuevo poemario, Mientras vivo mi olvido, Gustavo Gac-Artigas se pregunta: «¿la realidad? / ¿cuál realidad? / ¿la de nuestra imaginación? / ¿o la que nos quieren imponer?» o «¿por qué escribo?», ante lo que confiesa «no tengo la más puta idea». Porque en este poemario lo importante no son las respuestas, no es lo definitivo lo que mueve al poeta, sino el amor por lo que queda, lo que transita y permanece («los restos de un naufragio»), y por lo que ha de venir («vivir el futuro en el presente / plasmar el sueño de un mañana que nunca llega / aprender el significado de una nueva palabra (…) dibujar el silencio / escuchar un canto sobre el trueno / agregar sal al verso (…) soñar con los ojos abiertos»).
Gustavo nos invita a adentrarnos, a través de sus poemas, en tres estados que intenta salvaguardar del desgaste del tiempo: conciencia, herida y persistencia.
La conciencia, como una región ignota, se abre ante nosotros en el poema «nací en la orilla opuesta de la vida», una orilla en la que siente que naufraga una y otra vez («nadie me arrojó una cuerda / soy un navegante sin timón en medio de la tormenta / en un río no navegable», «de tanto en tanto mi cuerpo se arrima a la orilla / y encalla / la maldición de aquéllos que no tenemos puerto de arribo») y a la que está condenado de forma irremediable: «la muerte me impidió cambiar de orilla».
La herida explora estos naufragios porque, asegura, «del recuerdo no se sale»; y revisa la condición del inmigrante, que se convierte en sus versos en un ser invisible «para poder sobrevivir en mi mundo / en mis sueños». Entre estos poemas, la palabra historia cobra peso para devolvernos a una realidad rota en mil pedazos que no admite un billete de vuelta («el pasado no tiene puerta de entrada / y no se deja reescribir») ni da treguas a los sueños por cumplir («la historia me cruzó / me tocó encontrarme donde debía, / es decir, donde no debía (…) conocí sueños y pesadillas (…) conocí el poder de los dueños de los sueños / y sufrí las consecuencias que conlleva»).
La persistencia pone a la palabra como eje vertebrador del día a día, el lenguaje le permite al poeta posicionarse y reconocerse, actuar y ser desde la honestidad más profunda: «me encontré con los pueblos olvidados / aquellos sin un letrero que señale su existencia / ellos cambiaron mi lenguaje», «sentir las palabras jugando en mi cerebro / abrir la caja fuerte de mi memoria / dejarlas escapar por mis dedos».
Además, el poeta se erige como representante de lo humano, como el último baluarte frente a las sacudidas de un mundo que no termina de aprender a acogernos como lo que somos, como ese «montón de gente, un mar de fueguitos» donde «cada persona brilla con luz propia entre todas las demás», como escribía Galeano en El libro de los abrazos. En el poema «nací en un mundo real» nos advierte: «parecen invencibles / a menos que nos apropiemos de las herramientas para dar / nuestras batallas / y aprendamos a escribir / diferencia / en este nuevo idioma».
En los últimos poemas, Gac-Artigas nos regala su lectura de la vida («tuve la suerte de vivir antes de morir / y no ser espíritu muerto caminando en vida»), nos permite asomarnos a sus dudas más íntimas («¿en qué momento comencé a desaparecer? / quizás cuando comencé a mirar hacia el pasado / en busca de mi primer paso / cuando tomé conciencia de que no existo por mí mismo / de que existo en el movimiento (…) que existo en el existir de otros») y nos proyecta hacia un futuro incierto en el que la poesía esté más viva que nunca: «qué nos espera / si la humanidad perdiera la curiosidad de leer / si la máquina predominara sobre la mente / si el pensamiento se uniformara / si tuviéramos respuestas a todas nuestras preguntas / qué nos espera si el día de mañana silenciaran al poeta».



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