
José Antonio Pérez Hernández
Ya peiné todas mis canas,
ya bebí de cada fuente,
y si es que la muerte me llama,
le sonreiré frente a frente.
No me encontrará vencido,
ni temblando ante su vuelo;
llevaré el pecho encendido
y una canción hasta el cielo.
Le contaré mis andanzas,
mis verbenas y mis penas;
y al compás de una guitarra,
les cantaré a las estrellas.
No es derrota ni partida,
es navegar hacia un puerto;
dejo la mesa servida
y el corazón siempre abierto.
Que nadie se vista de luto,
ni apague por mí las canciones;
que baile la plaza y el mundo,
que rían los corazones.
Cuando amanezca el mañana
y venga la muerte a verme,
diré: «Gracias por la jornada»,
y partiré dulcemente.
Valdemoro, 15 de septiembre de 2026



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