
David Botella
La doctora, que está en el corazón del paciente,
marca el paso de una relación de sobresaltos.
Coronarios pálpitos y pupilas de amanecer,
diagnostican la desazón de un músculo sobrepasado.
La escalada de calendario hasta el quicio de la puerta
lo deja en la cornisa de los flojos,
en una arista de transpiración y agotamiento
difícil de sortear.
Nada parece ir bien.
Verla en funciones lo desbarata.
Las caricias endoscópicas,
despiertan pasiones insondables
que reducen a fracaso todos los controles.
La doctora,
que desentraña el corazón del paciente,
receta con premura una terapia de choque;
de común acuerdo, detener las arritmias
tres veces por semana,
en los “findes”,
y en las guardias.



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