
Raquel Bordóns
Hoy mi mente se debate entre leer el periódico, ver las efemérides del mes de mayo u observar las rosas de mi jardín mientras tomo un café.
El tiempo también se debate entre regalarme sus rayos de sol o nublarse y sombrear todo amenazando con permitir que choquen unas nubes con otras trayendo una de esas tormentas de primavera que, igual nutren el suelo para enriquecerlo, como lo destrozan creando surcos sangrientos y robándole la vida a esos brotes frescos y esas flores incipientes.
Este mes de mayo se celebran varios eventos. El día de la madre en distintos países, el día del trabajador, el día del alzamiento madrileño contra la invasión francesa, el día de la Comunidad de Madrid, el día de la libertad de prensa, de las enfermeras, de la familia, de la hipertensión, de las letras galegas…
Me ensombrece el alma, al tiempo que cae la sombra sobre mis mini dominios (o maxi dominios, dependiendo de quién los vea. Preguntad a aquellas personas que no tienen un techo donde vivir).
Días mundiales de…, días internacionales de… Se me rompe el calendario entre los dedos y me pregunto qué y cómo celebrar cuando queda tanto mayo por delante.
Lenguas de fuego muerden vidas, estrechos más estrechos todavía estrechan futuros y legiones de muerte matan hasta a sus propios legionarios.
Unos leen libros religiosos en sus despachos y otros jugamos con las palabras para dejar escrito lo que no se puede escribir. Mientras tanto, como tantas veces a lo largo de la historia, otros tantos pierden la vida o lloran sus pérdidas amargamente sin saber si quiera el porqué.
El que quiera celebrar el 31 de mayo el día mundial sin tabaco, verá cómo llega ese día rápidamente y el mes se le habrá esfumado. Pero ¡cuánto mayo queda por delante para todas esas personas a las que el día mundial sin tabaco les importa un bledo!
Por todas esas personas que sufren la incongruencia del mundo.



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