
David Botella
Bajo el mar, entre los cubitos de arena que olvidan los niños,
serpentea una brisa de sol verde y sereno.
Las herreras hacen escondites con ellos
y tú juegas a ser Cousteau con el culo fuera del agua
como una isla salvante para este náufrago tuyo.
Hubo un tiempo en que te limpiaba despacito la boca de sal,
cuando volvías de lo profundo y te extendías en la toalla gigante
como un mapamundi
llena de idiomas, de ideas y dientes.
Cuando tostabas de junio las mejillas
y devorabas con ellas zarrios y chismes
y nos reíamos de ellos como actores noveles.
En ese tiempo apacible, la marea venía
en su inmensa mansedumbre a morir a tus pies,
como sofocada de ser nuestra y romana,
y orillada a tu par en la roca horadada,
a arrullarte resuelta: Mare Tuum, Mare Tuum, Talasa



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