
Fernando Martín Pescador
Grietas y semillas: El despertar de lo invisible, Rafael Dávila López, IniciativaGIFTED, 2025.
Colecciono libros y películas cuyos protagonistas son profesores. He dedicado toda mi vida al mundo de la educación y me gusta observar cómo se nos percibe desde la ficción. Indiana Jones es profesor de Universidad. Walter White, el protagonista de Breaking Bad, es profesor de Química en un instituto de Albuquerque, en Nuevo México. El profesor Siesta (professor Hastings en inglés), que se quedaba dormido mientras daba clase, fue, desde niño, mi personaje favorito de Barrio Sésamo. Por eso, enseguida me sentí atraido por la primera novela de Rafael Dávila López, Grietas y Semillas, cuya acción se sitúa en un instituto imaginario de la Comunidad de Madrid y cuya protagonista es Carla Gibson, una orientadora educativa que lidera un proyecto para los estudiantes de altas capacidades de su escuela.
Rafael Dávila López es educador social y trabaja como técnico de educación. Desde hace unos años, Dávila se ha venido especializando en las altas capacidades. Se mueve con comodidad por las redes sociales y el mundo digital, pero, en un momento dado, sintió la necesidad de llevar algunas de sus reflexiones al papel tradicional. Con su libro, quería llegar al mayor número de personas, adultos y adolescentes, sin la necesidad de sentar cátedra y, por eso, pensó que una novela podría ser el formato más adecuado. En una novela, puedes presentar situaciones, describir pensamientos y explorar emociones sin acudir al lenguaje académico. Si, además, en esa novela utilizas un lenguaje propio de los cómics de superhéroes y le añades unas ilustraciones con un toque juvenil (estas corren a cargo de Lara Carrasco Soro) consigues la combinación perfecta.
Carla Gibson, la protagonista, debe enfrentarse a muchos de los vicios adquiridos por la educación tradicional. Todos los alumnos deben ser tratados igual y todos los estudiantes deben comportarse de acuerdo a unos cánones. Las diferencias deben pasar desapercibidas, arrolladas por el rodillo normalizador, para evitar el acoso escolar. La primera misión de Gibson es huir de términos tradicionales que encasillan a los alumnos. Prefiere no utilizar la palabra «superdotados» y emplea el neologismo inglés «gifted» o prefiere utilizar el término «altas capacidades». Llega a cuestionar, incluso, el nombre de su trabajo, «orientadora». ¿Quién es ella para orientar?, se pregunta.
El gusto confeso por el cómic de Rafael Dávila no se limita al lenguaje y a las ilustraciones. La novela, narrada en una primera persona propia de Peter Parker, comienza con una cita de la Patrulla X (X-Men, en inglés) y hace mención al Profesor X (Charles Francis Xavier, siendo la X, la inicial de su apellido, que, a su vez, da nombre al grupo de mutantes). A partir de ahí, Dávila establece paralelismos con el cómic. Carla Gibson pasa a ser la profesora G (de Gibson y de gifted) y cada uno de sus alumnos tendrá un apodo relacionado con su característica principal.
Lo que más me fascina de los protagonistas de este género literario y cinematográfico es su pasión por la educación, su amor incondicional por sus estudiantes. Carla Gibson no tiene certezas, pero sí que tiene la intuición de que hay que acabar con una tradición que lleva repitiéndose durante muchas generaciones. Su propuesta más interesante, en mi opinión, es el uso del círculo (no debe ser perfecto; la idea es que los componentes del grupo puedan verse cara a cara) y de la puesta en común de pensamientos y emociones en ese círculo.
Rafael Dávila transmite en su novela su pasión por la educación y propone un mundo en el que todos podamos aceptarnos, tanto a nosotros mismos como a los pasajeros con los que nos ha tocado compartir vagón.


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