
Felipe Díaz Pardo
Con este número 13 (o 12 + 1) de La Torre del ojo, correspondiente a septiembre, mes en el que se renuevan los buenos propósitos para un nuevo ciclo temporal, damos por iniciado nuestro segundo año de vida por el ilusionante mundo de las emociones literarias y las inquietudes culturales en toda su amplitud.
Como el niño que inicia sus primeros pasos, nos encontramos ya en disposición de caminar sin otros apoyos que la ayuda que nuestros colaboradores y lectores nos han venido dispensando en los doce meses transcurridos. Sin todos ellos no hubiera sido posible hacer realidad un deseo en el que tantos amigos e interesados hemos participado.
Han sido meses de incertidumbre y ansiedad por materializar un proyecto que ya está claramente definido. En su transcurso han predominado los momentos de regocijo ante tan buenas contribuciones, pero también han aparecido ocasiones, las menos, en las que, para la consecución de nuestros objetivos, hemos tomado decisiones que, quizás, hayan podido desencantar momentáneamente a algunos de nuestros cómplices en tan meritoria empresa. Estamos seguros de que, con la ayuda, tanto de los elogios como de las críticas, seguiremos creciendo.
Para rematar nuestra tarea, y como colofón a todos estos meses, hemos traspasado fronteras, hemos cruzado mares, gracias a la participación de otros compañeros de lejanas tierras que se han acercado a nosotros animados por la grandeza de unas páginas que vuelan y viajan por el horizonte que nos ofrecen las nuevas tecnologías.
Esperamos cumplir otro año tan venturosas expectativas con nuevas y apasionantes aportaciones con las que, una vez que hemos echado a andar, podamos correr y elevarnos con más fuerza por el mundo de la imaginación y de los sueños.
Así, con renovado ímpetu y el alma llena de gratitud, abrimos de par en par los portones de esta nueva etapa, confiados en que cada página siga siendo un espacio de encuentro y descubrimiento para todas nuestras mentes inquietas. Invitamos a todos a adentrarse sin reservas en esta andadura renovada, a hacer suyos los versos, prosas y miradas que hoy siguen viendo la luz, y a continuar trazando juntos el mapa invisible pero poderoso de nuestra pasión compartida por la cultura.



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