
Jesús Cepeda
Estimado lector/a,
En estos días en los que el verano languidece y después de unas semanas soportando calores, atascos en las carreteras y aglomeraciones de gente hasta en los aseos públicos, te propongo un acertijo para ir cogiendo fondo de cara a la vuelta al trabajo, a tu casa, a tus hijos, amigos, padres, en resumidas cuentas, de vuelta a tu maravillosa rutina. Emulando el título de un gran libro de Julia Navarro, te propongo adivinar quién es el personaje que hoy desnuda ante nosotros su mundo emocional. No te preocupes que alguna ayuda vas a tener y además te propondré varios personajes, entre los cuales se encuentra la mujer que realiza esta narración.
Cedo la palabra al personaje de este mes.
Mi nombre no es lo importante ahora, sino lo que fui, lo que llegué a hacer y sobre todo, me inquieta profundamente conocer cómo me recordarán en el futuro, que dirá la Historia sobre mí. Nací en un momento difícil para ser mujer, aunque creo que eso ha sido y será algo muy común no solo en mi época sino también en las venideras, nunca ha sido fácil la vida para una mujer. El motivo principal es que el mundo se ha creado desde hace milenios, por y para los hombres. Si eres mujer tienes que elevar tu listón, saltar una línea más, y solo para ser tenida en cuenta en un universo de hombres.
El problema se agudiza si, como es mi caso, tu situación personal te coloca como un personaje fuera de lo común. En esa circunstancia, el mundo se posiciona en tu contra. Cualquier mínimo error, será engrandecido por todos y cada uno de tus enemigos. Y para mayor desgracia, no serán solo los hombres los que intenten que mi futuro sea lo más desastroso posible, también las mujeres que me rodean no confiarán en mí, se sentirán celosas de mis éxitos y tratarán de que todo continúe como hasta ahora y que los hombres sean los verdaderos protagonistas de la Historia.
Así ha sido toda mi vida, un continuo superar obstáculos que iba encontrando en el camino, ni si quiera mi matrimonio supuso un paréntesis en esta presión del mundo sobre mi persona. Siempre debía estar a la altura de mi esposo, mis propias hijas desconfiaban de que realmente pudiera superar todos estos escollos que iba encontrado a mi camino. ¿Merece la pena tanto esfuerzo y castigo emocional? ¿llegará algún día en que una mujer, por muy importante, poderosa o inteligente que sea, podrá ser reconocida como lo que es sin cuestionarse nada, ni cómo ha conseguido su status, y ser valorada como lo son sus coetáneos masculinos? No estoy muy segura de que en el futuro pueda ocurrir, pero lo deseo con todo mi corazón para que ninguna mujer tenga que pasar por lo que yo he tenido que superar a lo largo de toda mi vida.
¿Cómo vas hasta ahora con el personaje? Debo advertirte, querido lector o lectora, que he dejado una sutil pista en las líneas anteriores para que puedas adivinarlo, aunque no servirá de nada si no te indico los nombres de las cuatro mujeres que podrían haber sido las autoras de estas palabras. Todas ellas comparten la dificultad de haber llegado a un lugar privilegiado en sus vidas, aunque podrás comprobar que vivieron en épocas y contextos muy diferentes, te dejo que elijas una de ellas:
La reina Hatshepsut de Egipto. Primera mujer faraón durante 20 años. s. XV a.C.
Christine de Pizán. Fancia. Primera escritora profesional de la Historia. s. XIV
Marie Curie. Polonia. Investigadora. Primera mujer Premio Nobel. s. XIX
Emilia Pardo Bazán. España. Escritora. Primera mujer en introducir el Naturalismo en España. s. XX
Estoy seguro de que, después de una segunda lectura, adivinarás de quién se trata. Cualquiera de estas cuatro mujeres podría suscribir las palabras que encontrarás en este artículo, tan solo hay una leve diferencia para que puedas encontrar al personaje correcto.
Te dejo con la reflexión final de nuestro personaje.
En estos días de mi vida en donde la vejez me atenaza y el paso del tiempo ha castigado mi cuerpo y mi alma, es cuando descubro que ha merecido la pena. Mereció la pena el esfuerzo y la superación de los obstáculos que pusieron en mi camino, mereció la pena mi matrimonio y mis dos hijas a las que quiero con toda el alma, mereció la pena caer una y otra vez y encontrar siempre las fuerzas necesarias para levantarme, tal y como nos dice Kipling en uno de sus mejores poemas. Ya no me preocupa cómo me recordará la Historia ni el futuro por venir, porque se cómo me recordarán mis hijas y mis amigos más allegados y eso es lo que realmente importa. La fidelidad a mis principios y la perseverancia sin límites son mi legado a este mundo, que presiento que para mí acabará en un futuro no muy lejano. He sido la primera mujer en conseguir unos logros que hasta la fecha nadie había alcanzado, apenas reconocidos por mi condición de mujer, pero estoy segura de que, en el futuro, seré inspiración para muchas de esas mujeres que no teman triunfar en un mundo de hombres, sin olvidar que el camino será difícil, lleno de obstáculos y que la perseverancia será la mejor herramienta que podrán tener para alcanzar aquello que se propongan.



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