
Miguel de los Santos
Antes que anochezca – Reinaldo Arenas (Tusquets Editores 1992)
“Queridos amigos: Debido al estado precario de mi salud y a la terrible depresión sentimental que siento al no poder seguir escribiendo y luchando por la libertad de Cuba, pongo fin a mi vida”. Así comienza la conmovedora carta que Reinaldo Arenas dirige a sus lectores como epílogo de su última novela, Antes que anochezca, publicada en abril de 1992, dos años más tarde de que se suicidara en Nueva York devorado su cuerpo por el sida y su alma corroída de dolor por el infierno carcelario e inquisitorial en que se había convertido la Cuba castrista. Tenía tan sólo cuarenta y siete años. Pero reunía las tres condiciones básicas para convertirse en uno de los muchos parias engendrados por la Revolución: ser escritor, homosexual y disidente.
La vida de Reinaldo Arenas fue tan penosa y triste como su muerte. Tanto que ni siquiera sus biógrafos sitúan su nacimiento en un lugar preciso de la isla caribeña. Sólo se sabe que vino al mundo en un lugar situado entre unos pedregales al norte de Holguín y al sur de Gibara. Durante la dictadura de Batista creció en la miseria de una familia campesina, criado por su madre y su abuela. Ni siquiera conoció la protección paterna que él mismo describe como una figura totalmente ausente y desconocida. Abandonó a su madre a los pocos meses de haber nacido él. Nunca lo reconoció legalmente ni lo inscribió con su apellido. Fue inscrito con los de la madre: Fuentes Rodríguez. Y de esta curiosa manera: Raineldo Fuentes Rodríguez. No Reinaldo, sino Raineldo. Fue ese nombre con el que transcurrió su infancia y adolescencia. De hecho, las mujeres entre las que vivió siempre, madre, tías, hermanas, lo simplificaban llamándole Raine. Así hasta que se inició su etapa literaria y el escritor decidió cambiarlo. Pero no cabe duda que más allá de los pequeños detalles y anécdotas que, por cierto, quedan deliciosamente expuestas y descritas en Antes que anochezca, la novela autobiográfica de Reinaldo Arenas, que hoy sitúo entre los libros de mi vida, conviene detenerse y reflexionar ante esa ausencia paterna que marcó su vida. No sólo por lo que supone el hecho en sí mismo sino por haber dado pábulo a una burda leyenda en la que su homosexualidad se debe al absurdo hecho de haberse criado entre mujeres.
En esta novela autobiográfica suya, el propio Arenas relata que creció en el campo en un entorno matriarcal junto a sus abuelas y tías y que su familia le inculcó un profundo sentimiento de rechazo hacia esa figura paterna. Tanto y tan profundamente debió calar en el niño ese sentimiento de animadversión que en cierta ocasión en que iba con la madre a casa de una tía suya llamada Rosalba, aquella, señalando a un hombre que caminaba por la vereda opuesta, le dijo: “¡Mira, ese es tu padre!” él salió corriendo y le tiró una piedra. No lo alcanzó, pero le tiró la piedra. Muchas son las piedras que debió lanzar en su vida Reinaldo Arenas para sobrevivir personal e intelectualmente en una continua peripecia vital e intelectual. De todo ello da cumplida cuenta el escritor en esta desgarradora obra llena de sentimientos encontrados, donde la realidad parece ficción no sólo confirmando sino a veces superando notablemente el viejo aforismo literario pues los sucesos de este mundo real que aquí nos narra son mucho más extraños, complejos e increíbles que cualquier historia inventada por la mente humana.
Arenas fue uno de los miles de jóvenes soñadores que creyeron y se unieron a la Revolución Castrista colaborando con ella durante un tiempo. Hasta que, llevado de sus inquietudes literarias e intelectuales y ya en La Habana hizo contacto con dos referentes de la cultura cubana a quienes admiraba, Lezama Lima y Virgilio Piñera. Suficiente para ser tachado por el “nuevo régimen” de disidente y Arenas se convirtió entonces en uno de los miles de jóvenes soñadores que abandonaron la isla en El Mariel decepcionado, desengañado, herido en lo más profundo de sus convicciones.
Antes que anochezca no es un título simplemente literario, es una puntual y bella metáfora de múltiples aplicaciones a la situación cubana antes, durante y después de la Revolución. Y es una premonición al premeditado final del camino que Arenas le impuso a su propia vida. Antes de que las restricciones eléctricas sumieran en sombras la luz del día en la ciudad más luminosa del Caribe; antes de que la realidad apagara los sueños de una Revolución fallida; antes de que su mente olvidara todo el dolor de lo vivido; antes… Reinaldo Arenas quiso dejar testimonio testamentario de sus desengaños, de su tragedia y su dolor antes de apagar su vida. Una novela conmovedora.



Deja una respuesta