
Fernando Martín Pescador
Creo en los milagros porque creo en la mente humana (en la individual y en la colectiva) y creo en la habilidad de la mente humana para concebir, pergeñar y alinear coincidencias. Tengo la certeza, sin embargo, de que el éxito de La torre del ojo, el éxito que yo deseo, no vendrá de un milagro. No llegará de la noche a la mañana para desaparecer dos días más tarde. Estamos hablando de una carrera de fondo. Será fruto de la necesidad y de la generosidad de sus colaboradores. Será fruto de la curiosidad y el aburrimiento de sus lectores. Necesidad humana de compartir nuestras ideas y nuestros sentimientos. Curiosidad por conocer otras voces. Otras formas de ver el mundo. Generosidad para compartir en un espacio libre. Libre de publicidad. Libre de corazones negros. Aburrimiento que nos empuja a la búsqueda. Al viaje. Al motín. Crece el número de nuestros lectores. Crece el número de visitas mensuales a nuestra revista. Hemos batido récords en agosto y septiembre.
Una parte muy importante de nuestra apuesta va a la educación. Es nuestro deber mostrar a nuestros jóvenes que hay vida más allá de los vídeojuegos, más allá del consumismo salvaje, más allá del ruido del odio. Es nuestro deber enseñarles que existen formas amables de convivencia y de comunicación. Es nuestro deber hacerles ver que el mundo se entiende mejor cuando escuchamos a los demás.
Ya en el número de diciembre de 2025 de La torre del ojo invitamos a la escuela Artecromática para que ilustraran los textos de ese mes. La experiencia fue formidable. Para el número de octubre contamos con las ilustraciones del Proyecto Expresión – Arte, formado por estudiantes de primero de la ESO (12-13 años). Muchísimas gracias a todos los participantes. Millones de gracias a Zenaida, la profesora, por idear y coordinar este proyecto. Viendo las pinturas, estamos seguros de que los chavales lo pasaron en grande.
A finales de agosto, me propuse, sin más demora, apuntarme a un gimnasio. Ha llegado el dos de octubre y aún no lo he conseguido. Eso sí que habría sido un verdadero milagro. Sigan disfrutando de La torre del ojo, amigos.



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