
Carlos Diest Sánchez
Yéranos a zaguer asperanza d’os nuestros. Levamos sieglos tornando ta l’aldeya. Mes de milenta hibiernos marchando sobre a nieu. Trayemos a cazata. Seguimos fendo tranya n’as cheleras, rota n’as cunyestras. Per l’ampla plana eterna, os lupos nos alufran, ternes cucutían os nuestros pasos. Os cans les escanyutan, miran perdemés d’esfurriar-los. O sol tremola enchelebriu n’o cielo. Cuan nos ne fuemos, bi heba cheras n’o lugar e a cachimalla chugaba con a nieu. Rediban felices luent de tot. O suyo recuerdo nos guía encara, dende fa sieglos. Ixe fuego, ixos risos. Mes de milenta hibiernos e a flama encara crema.
Traducido al castellano por el autor
Éramos la última esperanza de los nuestros. Llevamos siglos regresando a la aldea. Más de mil inviernos caminando sobre la nieve. Traemos la caza. Seguimos abriéndonos camino en los heleros, en los ventisqueros. Por la vasta llanura eterna, los lobos observan nuestros pasos. Los perros les ladran, tratan en vano de ahuyentarlos. El sol tiembla aterido en el cielo. Cuando partimos, había hogueras en el pueblo y los niños jugaban con la nieve. Reían felices lejos de todo. Su recuerdo nos guía todavía, desde hace siglos. Ese fuego, esas risas. Más de mil inviernos y la llama todavía arde.
Cuento e ilustración publicados originalmente en La Revista de Valdemoro (diciembre 2025).




Deja una respuesta