
Felipe Díaz Pardo
Estamos a punto de ver caer las hojas del otoño, un tanto retrasado, con sus colores verdosos, ocres, marrones… En nuestro caso, los diferentes matices que alimenta nuestra revista los veremos a través de sus textos que cada día van cayendo en sus páginas, procedentes de distintas sensibilidades, orientaciones y latitudes.
Y entre tanta diversidad, la palabra escrita queda concentrada bajo una misma mirada durante este mes de noviembre de dos mil veintiséis, al que pertenece este número. Dicha visión es la que nos ofrecen las excelentes ilustraciones de Alba Malena, quien aporta matices distintos a la monotonía de los días otoñales. Empezando por la portada y siguiendo por las demás estampas, Alba nos regala una gama de sensaciones en las que se mezcla la modernidad con el recuerdo de un arte que nos evoca la época del pop-art, de las geometrías deslumbrantes, de los objetos cotidianos de tiempos cercanos.
Luego vendrán esos textos que irán amontonándose a lo largo del mes para crear una alfombra de sensaciones, como abono reconfortante para disfrute de los lectores. Es una buena manera de navegar por el intimismo al que nos invita la estación otoñal.
Cada artículo, poema o relato que habita esta nueva entrega funciona como un cruce de caminos donde dialogan el pensamiento crítico y la emoción pausada. En sus páginas se entrelazan voces emergentes y firmas consolidadas, trazando un mapa heterogéneo que invita a detener el ritmo frenético de lo cotidiano. Al recorrerlas, el lector encontrará desde breves destellos líricos que capturan la fragilidad de un instante, hasta ensayos lúcidos y entretenidos que analizan algún tema de nuestro presente, pasando por narraciones que captarán nuestra atención.
Esta polifonía textual no busca imponer certezas, sino abrir interrogantes y tender puentes. A medida que la luz exterior se vuelve más tenue y las tardes se acortan, la revista se transforma en un refugio cálido, un espacio de calma compartida donde la lectura se convierte en un ritual reconfortante.
Invitamos, pues, a acomodarse entre estas páginas, a contemplar los trazos vibrantes y firmes de Alba Malena y a dejarse llevar por el murmullo de las palabras. Ojalá este número de noviembre sea un hallazgo valioso, un acompañante fiel durante el recogimiento que anuncia la llegada de los primeros fríos del año.



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