
Fernando Martín Pescador
De todas las personas que conozco, mi amigo Carlos Diest Sánchez es posiblemente una de las personas que mejor elige las palabras que dice y que escribe. Por eso, da gusto escucharle y da regocijo leer sus escritos. Como filólogo que es y conocedor de varias lenguas, además, a mi amigo Carlos Diest le gusta elegir en cada momento la lengua en la que habla y en la que escribe. A la hora de producir su obra literaria, Carlos ha elegido siempre escribir en aragonés. A mí me gusta imaginar que es la lengua de su corazón. De ahí el lirismo de sus poemarios (Luen d’as tierras d’a libertá, O churamento de Creszenzio, Animals esclarexitos, Rimallos…), de sus canciones escritas para el grupo de rock Esferra y de la prosa de su magnífico libro de cuentos breves (Long live rock’n’roll y atras basemias).
Para el primer número de nuestra revista, Carlos nos regala tres poemas japoneses y una adenda catalana. Vienen acompañados de una ilustración que consta de cuatro partes unidas, una para cada poema. De hecho, el autor nos explica que no se trata de un mini poemario, sino que es, más bien, un puzle. Los cuatro poemas fueron escritos originalmente en aragonés y los tres primeros han sido traducidos al español por el autor. El cuarto poema ha sido traducido al catalán, también por Carlos, porque en ese idioma se le ocurrió el título al autor y, a partir del título, escribió el poema en aragonés. Además, es un poema basado en la aliteración y en español no era tan fácil mantenerla.
Por último, el primer poema está dedicado a un amigo del autor, Manuel Sanchez Barea, que escribe su primer apellido sin tilde.



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